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La importancia de cumplir sus sueños

© UNICEF/Guatemala/EPrieto
Entre sus pertenencias encuentran algunas fotos de sus papás y todos sus recuerdos brotan de nuevo.

Silvia y Elías

El Cantón Cua, Municipio de Tacaná, San Marcos ya no existe. Un deslave, producido por las torrenciales lluvias provocadas por el huracán Stan enterró para siempre sus treinta viviendas, y junto con ellas 46 de sus habitantes. 19 permanecen desaparecidos. Algunos de los que sobrevivieron perdieron todas sus pertenencias, y otros, la vida de sus seres queridos. Aquellos que sobrevivieron, lamentan lo ocurrido y se preguntan una y otra vez por qué esto tuvo que sucederle a ellos.

Silvia Erica Soto Velásquez, de 18 años, lleva preguntándose esto desde hace veinte días. Sus papás murieron cuando el lodo cubrió la casa en la que vivían. Ella y su hermano, Elías Samuel de 13 años salvaron sus vidas. Esa mañana salieron temprano, a pesar de que llovía bastante. Fueron a la escuela. Elías estudia cuarto grado de primaria y Silvia se gradúa este año de maestra. “Con la ilusión que le hacía a mi mamá que me graduara. Ahora ya no estará aquí para verlo”, afirma Silvia con la mirada perdida en el horizonte arrasado de la aldea en la que creció.

“Yo estaba con un amigo en el campo de fútbol de allí abajo. Llovía mucho y mirábamos como bajaba mucha agua de una de las laderas. De pronto se oyó un ruido muy grande. Subimos a ver qué era, y mi casa ya no estaba”, explica Elías y continúa “sentí mucho miedo y todavía tengo ese miedo.”

Silvia se ha casado hace dos meses. Ella y su esposo no tenían casa propia aún. Vivía en casa de sus padres. Ahora Silvia y Elías viven en casa de los papás de su esposo, pero esto no será por mucho tiempo. “Queremos construir nuestra casa. Allí viviremos mi esposo, yo y mi hermano. Mi papá tenía dos terrenitos y parece que la municipalidad va a ayudarnos con materiales para construirla”, asegura Silvia.

Hoy, como todos los días, Silvia y Elías han acudido a su aldea. Allí junto con un grupo de vecinos comentan lo ocurrido aquel fatídico día y, desde la sombra de un árbol que resistió el derrumbe, observan los escombros retorcidos de sus casas.

© UNICEF/Guatemala/EPrieto
Silvia y Elías, con ayuda de sus vecinos, tratan de recuperar el ropero donde su papá guardaba algo de dinero ahorrado.

Los dos hermanos caminan hasta el lugar donde estaba su vivienda. Algunos de sus cuadernos yacen arrugados en el suelo. Elías agarra uno, y durante unos minutos lee algunas de sus páginas. Era su libreta de ciencias. Su asignatura preferida. Silvia quiere recuperar el ropero en el que su papá guardaba algo de dinero ahorrado. Lo comenta con algunos vecinos, y éstos, sin pensárselo dos veces deciden ayudarla. Con pala en mano, comienzan a escarbar. Una de las tablas del ropero se distingue en una ranura del seco lodo. Así van encontrando algunas prendas de ropa, papeles, álbum de fotos familiar… Pero del dinero no hay ni rastro. Tampoco de los papeles de la  casa,  “¡Quizás otro día haya más suerte!”, exclama Silvia.

Elías observa de cerca cómo su hermana guarda en un quintal todas las pertenencias que han encontrado. En ese momento personal de la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia, que acompañan a UNICEF en la evaluación de situación de la niñez y adolescencia en el municipio, se acercan y conversan con Silvia. Elías en silencio escucha atentamente. “Sí aquí vivíamos nosotros. Mis papás murieron. Mi hermanito y yo vivimos juntos ahorita. Estas son algunas de nuestras cositas, pero hemos perdido todo”, explica Silvia. Tras apuntar sus nombres, y sus edades en una libreta, se despiden.

Silvia y Elías se dirigen a su nueva casa con el quintal al hombro. Van a ir al cementerio más tarde, a visitar a sus papás. Van allí a menudo “Me gusta venir al cementerio. Estoy más cerca de ellos, pero todavía no creo lo que pasó. Es como si estuviera soñando. Todo es como un sueño”, asegura Silvia. Elías está en lo alto de la tumba de sus papás. Desde allí arriba divisa el horizonte, más allá de Tacaná.

Elías habla poco. Pero puede sentirse cómo en su mente está presente todo lo vivido durante los últimos días. Él asegura que le gustaría estudiar: “Quiero estudiar. Llegar a ser licenciado. No sé de qué, pero quiero trabajar en otra cosa diferente al campo. Mi papá trabaja el campo, yo le ayudo, y es un trabajo muy cansado”, explica. Todavía Elías no habla en pasado de su papá. Aún es muy pronto.

Ambos son jóvenes aún, pero el destino ha hecho que su vida cambie por completo. Ahora están solos, y deben trabajar duro para poder vivir. Sin embargo lograr que Silvia se gradúe de maestra, como deseaba su madre, y que Elías termine su primaria, y logre, algún día ser licenciado, son dos sueños que deben cumplirse.

Becatón sigue recaudando fondos para becas escolares para familias en extrema pobreza. Ahora, los niños y niñas que, como Silvia y Elías perdieron todo, serán los primeros beneficiados.

¡Colabora con Becatón para que sus sueños se cumplan realidad!

Texto y fotografías: Elena Prieto

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