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Conejos, una alternativa en el menú y el comercio

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© UNICEF/Gua05/ElenaPrieto
La limpieza del módulo de conejos es una de las actividades domésticas diarias en casa de Verónica.

El conejo no es uno de los platos típicos de la dieta guatemalteca. Sin embargo, quizás en unos años, no pueda faltar en el menú de las fiestas locales del área Chorti´. Y es que, la crianza de conejos se ha convertido ya en algo más que normal en varias aldeas del municipio de Camotán, Chiquimula. Verónica y su familia son un claro ejemplo de ello.

Verónica Pérez tiene 33 años, es divorciada y madre de cinco hijos. Desde hace un año,  el porche de su sencilla vivienda está presidido por un módulo en el que cría conejos. “Antes teníamos acá una hamaca, pero desde que llegaron ellos cambiamos esta parte de la casa”. El cambio no ha sido sólo a nivel práctico, ahora hay una responsabilidad más en las tareas de la casa “hago los oficios de la casa como siempre y luego limpio los módulos. Antes no tardaba mucho pero ahora que tengo muchos más conejos, me tardo mi buen rato todos los días. Pero a mí me gusta que estén limpios” asegura, orgullosa del cuidado que brinda a los nuevos inquilinos del porche.

Verónica vive en El Rodeo, una aldea de 820 habitantes situada a 18 kilómetros del área urbana del municipio de Camotán y a la que se accede por una carretera de terracería. La totalidad de su población se dedica a la agricultura siendo el maíz, el frijol, el café y el plátano los cultivos típicos. Las débiles economías familiares subsisten con la venta de sus excedentes agrarios los cuales, durante los años 2000 y 2001, prácticamente fueron inexistentes. La crisis internacional del café junto con la sequía que afectó a la zona provocaron la imposibilidad de vender sus productos y además, esta escasez de cultivo repercutió en los niveles nutricionales de su población hasta el punto que hubo que declarar emergencia nutricional en la región.

Organizaciones no gubernamentales, instituciones nacionales y locales y organismos internacionales, entre ellos el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, se coordinaron para enfrentar la emergencia a corto, mediano y largo plazo. Una de las direcciones en las que se ha trabajado ha sido en la introducción de nuevas prácticas agrícolas, forestales y pecuarias como alternativa para la producción de alimentos y recursos.

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© UNICEF/Gua05/ElenaPrieto
Los conejos, fuente de ingresos y de nutrientes para muchas de las familia de El Rodeo.

UNICEF junto con FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimenta-ción) ha promovido la crianza de conejos. “Primero nos capacitaron para construir los módulos. Yo me tardé un poquito en construirlo, pero cuando lo tenía me trajeron un conejo macho y dos hembras. De ahí tuvimos una camada al poco tiempo y ahora ya no me recuerdo cuántos hemos tenido.” Los conejos se alimentan con plantas que nacen en la zona y a veces, tal y como confiesa Carlos, el hijo mayor de Verónica, “les doy manzana y verduras que encuentro por la casa”.

Utilizar la carne de conejo en sus guisos todavía no es algo muy habitual en el menú de Verónica “nos enseñaron diferentes recetas con productos que tenemos aquí pero yo prefiero un mi pollo la verdad, aunque hay vecinos que sí les gustan mucho. Yo sólo los engordo, para que crezcan rapidito y poder venderlos”.

Sin duda, cambiar las costumbres alimenticias lleva tiempo. Poco a poco, será más común encontrar carne de conejo en las ollas familiares, pero el aporte económico que supone la venta de estos orejudos animales es toda una ayuda para el bolsillo de Verónica: “Con la última camada compré los útiles escolares de mis cuatro hijos que van a la escuela. El pequeño todavía está aquí en la casa conmigo pero cuando empiece la escuela el año entrante, los conejos pagarán por sus útiles.” Y añade, “además ahora tenemos que vender menos maíz, porque vendemos primero los conejos y así tenemos más para nosotros”.

La situación nutricional de los habitantes de la zona todavía es muy delicada como explica Carlos Arriola, doctor del Dispensario Bethania, en el que durante 2004 ingresaron alrededor de cien pacientes con desnutrición proteico-calórica. “Prácticamente el único alimento en la dieta diaria de las aldeas es la tortilla de maíz por lo que los niveles de nutrición sobre todo de los niños son demasiado limitados”, señala. Pero, sin duda, proyectos como el de la cría de conejos han traído esperanza para Verónica, su familia y sus vecinos.

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