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Una luz en El Limón

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© UNICEF/Gua2006/D.Ochoa

José* ha vivido entre el peligro, el acoso y el desarrollo comunitario. A sus 22 años es una muestra de que es posible superarse en la colonia El Limón, zona 18, de la ciudad de Guatemala. Tras caminar prácticamente solo, deambular por las calles de su colonia y vivir en constante riesgo, ahora es el encargado del departamento de robótica, un proyecto que creó el Grupo Ceiba.

Cuando tenía 15 años, José perdió el primero básico. “Mi mamá se enojó y me dijo que ya no me iba a apoyar en el estudio. Entonces empecé a trabajar y anduve con amigos pandilleros. Nunca quise ser de una mara y siempre respetaron mi decisión”, afirma.

Cuenta que hace siete años conoció el proyecto educativo y alternativo que Ceiba impulsa desde 1989. De inmediato se incorporó al programa de Educación Formal Alternativa, cuyo fin es brindar a la población excluida del sistema educativo formal una opción para reincorporarse a un proceso formativo y de promoción humana.

El joven es el mayor de cuatro hermanos y ahora es un ejemplo para ellos. Su madre se siente orgullosa y le ha pedido que regrese a la casa a vivir con ella. “Prefiero vivir solo, aunque siempre ayudo económicamente a mi mamá y a mis hermanos”, cuenta José.

Cuando estaba estudiando en Ceiba trabajó en la limpieza de edificios, en una importadora de licores, de ayudante de mecánico, albañil y herrero. Su formación, explica, fue acelerada pues se dio cuenta de que era indispensable, de lo contrario estaba condenado a la sobreexplotación.

Su vida despierta pasiones y posiciones encontradas en El Limón. Los adultos y los más jóvenes lo ven como un modelo a seguir, mientras que los más críticos aseguran que su trabajo únicamente sirve para albergar pandilleros, pues el proyecto educativo está enfocado precisamente a jóvenes en situación de riesgo o aquellos que desean reincorporarse y alejarse de las pandillas.

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© UNICEF/Gua2006/D.Ochoa

En la comunidad viven más de 3,500 mil jóvenes, según los registros del Instituto Nacional de Estadística. La mayoría, explican los investigadores de la Policía, son vulnerables a las pandillas. “O son de la mara o los matan”, dice José Pacheco, un  oficial destacado en la delegación policial de El Limón.

“En El Limón se vive bajo constante acoso. Los agentes creen que todos los muchachos son pandilleros, pero no es así. La juventud le tiene miedo de la Policía”, dice José.

Marcos Caceros, encargado del proyecto de Ceiba en esa colonia, explica que los programas de esta organización están destinados a las personas que no tienen alternativas ante escenarios de desigualdad, pobreza, violencia y vulnerabilidad.

“Nosotros trabajamos con pandilleros porque creemos que son jóvenes que no han tenido alternativas. Aquí hay muchachos de El Limón, de Chimaltenango, de Mixco y la zona 6. Todos vienen a estudiar programas alternativos y que son avalados por el Ministerio de Educación”, sostiene. Más de cinco mil jóvenes se ven beneficiados con los programas que Ceiba impulsa.

El proyecto ha tenido éxito en ese sector y en San Pedro Ayampuc. Actualmente incursiona en la colonia Lomas de Santa Faz, siempre en la zona 18 capitalina. Tal ha sido el reconocimiento, que José viajó a Colombia en enero de 2007.

“Ceiba abrió una sede en el barrio El Carmen, Bogotá. Es un área de alto riesgo porque hay pandilleros y acoso constante de la Policía. Creo que voy a estar como un año y luego me voy a regresar, pero eso depende de cómo avanzan los proyectos en ese país”, cuenta el joven.

De hecho, Ceiba detectó en Colombia los primeros casos de drogadicción, asociación de pandilleros y venta de drogas. Pero José confía en su trabajo, porque cree que si en Guatemala logró que líderes pandilleros se reinsertaran en la sociedad, lo mismo podría suceder en Colombia.

“Una vez uno se lo propone puede lograr muchas cosas. El problema es que la sociedad ve con marginación y recelo a las maras. Nosotros somos lo contrario, integramos a los jóvenes y los hacemos parte de este proyecto. Cualquiera puede superarse. Yo soy un ejemplo de ello”, resalta José.

De hecho José camina por las calles de El Limón sin ningún problema. Esos lugares lo vieron crecer entre el peligro y el acoso. Ahora su camino es otro: El desarrollo comunitario y su esfuerzo por reinsertar pandilleros en los programas educativos de Ceiba que a él le tendieron la mano. 

*Nombre ficticio

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