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Una vida por delante

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© UNICEF/Gua2006/Elena Prieto
María es seria y, en ocasiones, parece que tiene más que 12 años. Sin embargo, los dibujos de su peine revelan que aún es niña.

“Puedo vivir como una niña normal”. Éstas son las palabras de una jovencita de 12 años, María*, que reside en el Hospicio San José, en San Lucas Sacatepéquez, para personas con VIH/SIDA.

“Ahora no, porque estamos en vacaciones, pero normalmente me levanto a las 5, me baño y me cambio. Toda la mañana la paso en el colegio, de 7.30 a 12. Cuando regreso acá almorzamos, hacemos las tareas y si terminamos, salimos a caminar o jugamos”, cuenta María para mostrar que, en efecto, su vida es como la de otra niña de su edad.

Eso sí, su familia no está formada por un papá, una mamá y varios hermanos. La suya es más extensa de lo habitual: son 37 niños, 10 adultos internos y todo el personal del centro.

Su llegada al Hospicio San José

María llegó a este lugar hace siete años. “Me trajeron en un carro, pero no me acuerdo muy bien”, indica. Lo que sí recuerda es que al principio no se sentía cómoda. “No me acostumbraba porque era la tercera niña que estaba aquí y los demás eran adultos. No es como ahora que está lleno de niños”.

Poco a poco se fue amoldándose al Hospicio San José, el hogar en el que ha crecido, después de que su familia no se hiciera cargo de ella. “La mayoría de los niños son abandonados o huérfanos y nos los remiten, mayoritariamente, de juzgados y hospitales”, señala Helena Clavijo, directora del Hospicio, que se financia tanto por aportes del Ministerio de Salud como por donaciones particulares.

En el caso de María, ella es huérfana de madre y a su padre apenas lo ha visto dos veces, en los siete años que lleva viviendo en el Hospicio. Su mamá le transmitió el VIH/SIDA durante el embarazo. Clavijo indica que entre los niños del centro “ésa es la forma de infección habitual”.

Precisamente, para prevenir ese tipo de transmisión de madre a hijo/a, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, financia desde el año 2002 un programa en el Hospital Roosevelt para detectar el VIH/SIDA en mujeres embarazadas y, así, poder tratarlas para que sus bebés no resulten infectados.

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© UNICEF/Gua2006/Elena Prieto
Ser modelo es el sueño que tiene María. Como curso de vacaciones, acudió a una academia de modelaje y allí aprendió a maquillarse.

Protegerlos de la discriminación

María es algo tímida, habla bajito y, aunque no lo diga abiertamente, cuando se platica con ella se percibe que es consciente de que ser seropositiva, hoy por hoy, aún es sinónimo de discriminación en algunas ocasiones. Ella sabe desde hace un par de años que es portadora del VIH/SIDA, le han explicado qué significa eso e intuye que no todos van a entender su caso.

Por ejemplo, ninguna de sus amigas del colegio sabe que el Hospicio San José es su casa. “Les digo que vivo con mi familia”. Las veces que sus amigas le dicen “vamos a tu casa”, María se las arregla para buscar alguna excusa.

La directora del Hospicio señala que la situación es “como un arma de doble filo”. Por un lado, explica Clavijo, se les hace ver que pueden llevar una vida con algunos cuidados especiales y con la toma de medicamentos antiretrovirales, pero, a fin de cuentas, como la de otros niños de su edad. Sin embargo, la situación se torna difícil porque, por otro lado, los pequeños van viendo que es difícil encontrarles un colegio o que en el centro de estudios sólo son los directivos quienes saben que tienen VIH/SIDA y no sus compañeros de clase.

Lo que sí conocen las cinco mejores amigas del colegio de María es que ella quiere ser modelo. “Ése es mi sueño”, indica. La timidez que le acompaña la deja de lado para hablar del curso de modelaje que recibió recientemente. “Como ahora no hay al colegio, fui a un academia, de lunes a viernes, durante dos semanas. Era como curso de vacaciones”, cuenta. Muy sonriente explica que allí le enseñaron a maquillarse, a caminar erguida y con ritmo, a cuidarse la piel “y otras cosas más”.

Cuando se le pregunta dónde le gustaría estar dentro de diez años o qué se imagina que estará haciendo, responde que “a saber”. Pero, María sí sabe que tiene una vida por delante y varias metas por las que esforzarse: “Quiero seguir estudiando, lo que más me gustan son las ciencias, y también continuar con el modelaje”.

*Nombre ficticio

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