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Cuando llega el saneamiento

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© UNICEF/Gua2006

Las secuelas de la tormenta Stan, que azotó al territorio guatemalteco en octubre del 2005, aún se padecen en la mayoría de regiones afectadas. Pero a pesar de la magnitud de la tragedia, a algunas personas ese fenómeno las sacó del marginamiento en que se encontraban. Gladys Arévalo, quien vive en la comunidad de Champas La Ceiba, fronteriza con El Salvador, asegura: “si no hubiera sido por el Stan, nadie se hubiera fijado en nosotros”.

Durante 12 años, doña Gladys era quien distribuía agua a la escuela y a mucha gente de la comunidad, además de prestar su servicio sanitario para los 100 escolares. Como no tenía recursos ni conocimientos sobre el manejo higiénico de los desechos, la acumulación de heces hacía de su casa un lugar difícil de habitar.

“En el patio de mi casa siempre había un charco de agua y lodo. Se volvió un criadero de zancudos y el olor era insoportable”, relata doña Gladys. Esta situación llevó a que sus tres hijos se enfermaran constantemente de diarrea.

Situaciones como ésta determinaron que el Ministerio de Salud y Asistencia Social  pusiera en marcha el Plan Nacional de Agua y Saneamiento. Este programa que comenzó en noviembre del 2005 se dividió en dos etapas: emergencia y reconstrucción. “La etapa de emergencia finalizó en marzo del 2006. El esfuerzo se dedicó a la limpieza de pozos y a la reparación de los sistemas de distribución”, informa el ingeniero Alexánder Ramírez, encargado de la zona sur del Plan Nacional.

El caballo de batalla ha sido la introducción de letrinas con colector solar. El sistema, que utiliza una plancha de fibra de vidrio negro, se nutre de la luz solar y una combinación de ceniza y cal, para acelerar el proceso de secado de los restos fecales. Lo que antes se recolectaba en unos tres meses, ahora se hace en 24 días aproximadamente.

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© UNICEF/Gua2006

Para introducir este nuevo sistema, los miembros del Plan convocaron a unas 35 personas de la comunidad, entre niños y adultos. Por medio de la metodología PHAST (Transformación Participativa para la Higiene y el Saneamiento, por sus siglas en inglés), les expusieron los beneficios de estos sistemas.

El enfoque PHAST ayuda a las personas a sentirse más seguras y a desarrollar su capacidad para actuar y realizar mejoras en sus comunidades. Percibir que ha habido un desarrollo de la capacidad y crecimiento personal es tan importante como los cambios físicos, tales como la limpieza del ambiente o la construcción de letrinas.

“Nos dieron unos dibujos para colorear, enseñándonos los buenos y malos hábitos de la higiene”, cuentan Marina y Victoria, dos gemelas que participaron en las capacitaciones. “Nos daban dibujos de un señor comiendo cerca de un basurero, situación que lo ponía en riesgo de enfermarse de diarrea, lo cual es un mal hábito. También nos enseñaron que un buen hábito es colocar la basura en su lugar”, agregan estas niñas, de 14 años.

El Plan Nacional de Aguas y Sanidad mantiene presencia en nueve departamentos del país y cuenta con financiamiento del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Cada letrina tiene un costo aproximado de mil quetzales; sin embargo, se ha contado con la colaboración de los habitantes, quienes costean algunos de los materiales.

Otra de las ventajas de este sistema ha sido que el material recolectado de las letrinas puede ser utilizado como abono. “No creía lo del abono, así que para ver si era cierto, lo eché alrededor de un cocal (cocotero) medio muerto que tenía y un mes después ya me estaba dando bonitos cocos”, dice emocionada doña Gladys.

El sistema incluye un sumidero que hace las veces de miniplanta de tratamiento subterráneo de aguas grises y una compostera (recipiente para hacer composta o abono) utilizada para el manejo de la basura orgánica. El sistema es ecosostenible y no daña el suelo.

Los niños y jóvenes de la comunidad  ahora tienen presente que con buenos hábitos de higiene personal, pueden evitar enfermedades y hacer que su entorno sea más agradable para vivir. “Cuando vamos con doña Gladys siempre mantenemos limpio el baño y nos lavamos las manos”, expresa Marina.

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