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El mejor alimento del mundo

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© UNICEF/Gua10/AAsael
La lactancia materna debe ser exclusiva durante los primeros seis meses de vida.

“Cuando me enteré de que estaba embarazada me emocioné mucho, pero luego me pregunté: ¿cómo voy a cuidar de mi bebé?”. Este pensamiento que pasó por la mente de Ana, de 26 años de edad, pareciera ser frecuente entre las mujeres que por primera vez van a dar a luz. Afortunadamente, en los centros hospitalarios públicos de Guatemala las futuras madres reciben charlas informativas sobre los beneficios de la lactancia materna.

De acuerdo con el médico Miguel Ángel Soto, encargado del programa Amigos de la Lactancia Materna, en el Hospital Nacional de Antigua Guatemala, la implementación de este servicio ha sido de gran beneficio para los recién nacidos.

Este programa fue desarrollado por iniciativa y con el financiamiento del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en 1991. Soto señala que en ese entonces detectaron que el suministro de biberones con leche de fórmula no permitía un sano crecimiento de los neonatos. “Nos dimos cuenta que los niños amamantados tenían menor cantidad de infecciones, por lo que comenzamos a recomendar la lactancia materna”, dice.

Para poder prestar este servicio, los hospitales nacionales deben cumplir con diez pasos básicos. Desde contar con normas por escrito distribuidas en las áreas de maternidad, hasta fomentar la creación y el establecimiento de grupos de apoyo a la lactancia materna.

Una de las reglas básicas para lograr una etapa exitosa de amamantamiento es la de juntar a la madre y al bebé inmediatamente después del parto. “Era la primera vez que veía su rostro y dormía sin que nada interrumpiera su sueño. Habían pasado casi 24 horas después de que naciera y le iba a dar su primer alimento”, recuerda Ana, cuyo hijo tiene ahora 18 meses.

Sin embargo, no todo marchó bien. Cuando surgió la iniciativa de la lactancia materna los hospitales nacionales la pusieron en práctica, pero poco a poco la fueron dejando de lado y no había certeza de que la desarrollaran con calidad.

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© UNICEF/Gua2010
Las mamás tienen el mejor regalo para la vida que pueden dar a sus hijos, la leche materna.

“Ese procedimiento debía ser una norma del ministerio, sin embargo, no todos los hospitales cumplían con ella”, afirma De Maza, quien forma parte del Programa de Seguridad Alimentaria, PROSAN, y la Liga de la Leche Internacional, promotora del programa de monitoras en lactancia materna y quien ganó el Premio Mujeres de Paz, otorgado por la Fundación Women’s Peacepower.

Para el efecto, se realizaron evaluaciones externas con el fin de erradicar las malas prácticas que afectaban la lactancia materna. Según explica el manual para los evaluadores externos, se deben seguir ciertos pasos para poder certificar a los hospitales nacionales.

“El personal del hospital efectúa una autoevaluación, se les da una capacitación para una mejor práctica hospitalaria, se monitorean estos procesos y luego se hace la evaluación externa para ver si ese centro asistencial puede entrar en el servicio de Amigos de la Lactancia Materna”, informa De Maza. En la actualidad, solamente ocho hospitales han recibido la certificación de una buena lactancia materna y 12 están en proceso de obtenerla.

“En el caso del hospital de Antigua Guatemala, UNICEF nos entregó un premio en 1993 por nuestras excelentes prácticas de lactancia materna”, refiere el doctor Soto.

De acuerdo con el programa, en los primeros seis meses de vida del bebé sólo hay que darle leche materna, lo cual refuerza sus defensas y posteriormente es recomendable mantener la lactancia hasta los dos años. “Es un alimento rico en todos los nutrientes que un infante de esa edad necesita y ayuda a la economía del hogar”, puntualiza De Maza.

Pero la lactancia materna no sólo ayuda a una mejor nutrición del bebé, también permite una mayor interrelación entre éste y su progenitora. “Desde que le di de mamar por primera vez a mi hijo, esos han sido nuestros momentos de más profunda y silenciosa comunicación. Un momento que nadie nos puede quitar y que sólo él y yo entendemos”, expresa Ana, con satisfacción.

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