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Adaptándose a una nueva vida después de Agatha

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© UNICEF/Gua2010
Zury y su hijo Andrés están albergados en galeras de lámina en Bárcenas, Villa Nueva. Reciben orientación sobre adaptación familiar, con apoyo de UNICEF.

Zury Toj, de 28 años, se encuentra albergada en una galera de lámina y madera en lo que en el futuro será la segunda parte de la colonia Aníbal Archila, situada en Bárcenas, Villa Nueva, a unos 20 kilómetros al sur de la capital guatemalteca, pero por varias razones, como la poca accesibilidad a esta comunidad y la falta de escuela, no toda su familia la acompañó a esta nueva vida.

Con la tormenta Ágatha en 2010, Zury vio como una pared cayó sobre su casa y cómo las aguas negras que corrían por el área inundaron todas sus pertenencias en el asentamiento Villalobos, Villa Nueva. Como pudo se puso a salvo con su esposo y su pequeño Andrés, de tres años, hasta que los rescataron y los llevaron a un refugio temporal.

Ahora los tres están albergados en una improvisada galera en este sector de Bárcenas, a donde el Gobierno ha trasladado a personas provenientes de San Vicente Pacaya y de los asentamientos Mario Alioto y Villalobos, damnificadas por la tormenta Ágatha y por la erupción del Volcán de Pacaya, ambos fenómenos ocurridos a fines de mayo pasado.

El traslado a esta nueva comunidad no ha sido muy afortunado para varios damnificados porque las viviendas tienen filtraciones de agua cuando llueve fuerte, no hay camino accesible al centro de Bárcenas y tampoco hay escuela ni centro de salud.

Parte de la familia de Zury no quiso acompañarla y eso ha significado un alejamiento de sus seres queridos, situación que ella espera que sea temporal.

La psicóloga Yolanda Georgina Valle, de la organización Refugio de la Niñez, expresa que el traslado a raíz de los estragos que ocasionó la tormenta Ágatha ha significado separaciones familiares por varias causas, entre ellas la falta de espacio en las galeras de lámina y que no hay centros de estudio. “Ha habido mucha separación familiar porque no todos se quisieron venir y quienes ya están aquí no quieren regresar porque creen que si se van pueden perder el derecho de su futura vivienda”, indica.

Valle afirma que uno de los problemas que más afecta a las familias es la falta de escuela porque para no perder el año escolar, muchos niños se quedaron con otros familiares o recomendados con vecinos en el asentamiento donde vivían antes. “La falta de los padres ha impactado en los niños y varios de ellos han vuelto a orinarse en la cama porque se quedan con personas extrañas”, agrega.

Las familias que lograron inscribir a sus hijos en escuelas de Bárcenas fueron advertidos por los directores de esos centros de estudios que los niños y niñas podrán estudiar, pero no tendrán derecho a acreditar el ciclo porque ingresaron seis meses después de haberse iniciado el período escolar de este año. Esta situación también ha causado más separación familiar porque los padres prefieren que sus hijos se queden donde vivían antes para no perder sus clases.

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© UNICEF/Gua2010
La falta de escuela y centro de salud afecta a los niños y niñas en el albergue situado en Bárcenas, Villa Nueva. Las familias reciben orientación sobre adaptación familiar, con apoyo de UNICEF.

La psicóloga indica que ella y su compañera, Cristina González, mantienen trabajo de terapia permanente con menores de edad y con adultos en esta nueva colonia para que asimilen esta nueva situación, para lo cual utilizan el material educativo y lúdico que les proporciona el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

“Con los niños y niñas trabajamos el Manual de intervención de crisis en situaciones de desastres, que nos dio UNICEF, hacemos ludoterapia, con dibujos y jugamos pelota. Mi compañera se hace cargo de los infantes menores de siete años y yo me encargo de los mayores de esa edad”, explica Valle.

Informa que han notado mucha agresividad entre los niños y niñas, quienes dibujan aspectos relacionados con sangre. “Tal vez sea el reflejo de la situación que ocurre donde vivían antes donde hay mucha violencia en la calle y sus hogares. Por ello, les hacemos ver la necesidad del respeto, de la necesidad de comprenderse, aceptarse y amarse entre ellos”, agrega.

González relata que en esta nueva colonia ha detectado casos de violencia intrafamiliar. “Una señora vino a contarnos que su esposo llegó en estado de ebridad y los golpeó a ella y a sus cuatro hijos; el maltrato fue de tal grado que los dejó con marcas y por eso ella vino con nosotras para pedirnos asesoría de cómo podía presentar la denuncia ante el Ministerio Público porque esa fue la cuarta vez que los golpeaba”, indica.

Por ello, González señala que también trabajan terapia con los padres y madres de familia porque la situación que se vive en los hogares impacta en la formación de sus hijos e hijas. “Antes de venir a esta comunidad, UNICEF nos dio capacitación sobre diversos aspectos como el tratamiento adecuado en casos de violencia intrafamiliar, salud reproductiva y lactancia materna, entre otros”.

Precisamente Zury tiene en sus manos una hoja con “Diez mandamientos para tener relaciones positivas con sus hijos y ayudarlos a tener buena autoestima”, el cual es donado por la organización Refugio de la Niñez y UNICEF. “Las psicólogas nos han dicho que debemos respetar a nuestros hijos y tratarlos como personas con derechos”, expresa.

Mientras abraza a su pequeño Andrés, Zury agrega: “Nos han dicho que debemos comprender que esta situación es temporal y que el reencuentro familiar se va a ir dando poco a poco y que también debemos acostumbrarnos a nuestra nueva vida sin lastimar a nuestros seres queridos”. 

Bárcenas, Villa Nueva, Agosto del 2010.

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