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Educación para los niños trabajadores de los cohetes

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© UNICEF/Gua05
Esdras ayuda a su mamá en la fabricación de cohetes en su tiempo libre o en vacaciones, que no afecte sus estudios.

En la aldea Realhuit en San Juan Sacatepéquez, a poco más de 40 kilómetros de la capital, la elaboración de cohetes es parte de los quehaceres diarios, ya que la mayoría de familias se dedica, a tiempo parcial o completo, a esa actividad. La casa de Esdras, un tímido niño de 9 años, no es la excepción. 

Su madre, Catalina Canel, elabora los tubos o “hechuras” de papel que, junto a otras piezas, formarán los cohetes. “Vienen a dejar los periódicos para hacer los tubos, y cuando ya están hechos, el fabricante vuelve a traerlos”, cuenta Catalina, mientras moja el papel con agua de cal y “yuquilla”, antes de enroscarlo en un palo de metal y, con ello, conseguir la forma cilíndrica.

Esdras, al igual que sus hermanos o cualquier otro niño de la comunidad, sabe de todo ello. “Yo puedo hacerlo”, dice. Sin embargo, sus esfuerzos están principalmente dedicados al estudio. “Si hay ratos en que pueden ayudar o en vacaciones, lo hacen, pero lo primero es la escuela”, señala Catalina.

En otras familias, la situación es algo más difícil. Los papás se muestran más renuentes a enviar a sus hijos a estudiar, ya que la necesidad de ingresos hace que los pequeños dediquen gran parte de su tiempo a la pirotecnia.

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© UNICEF/Gua05
A través de diferentes iniciativas se busca facilitar que los niños lleguen a la escuela, por medio de una serie de estímulos a los padres, sensibilización, matrícula gratuita, ampliación de las actividades recreativas o mejora de la infraestructura.

¿Cómo erradicar el trabajo infantil y priorizar la educación?

Esdras cursó segundo grado de primaria este año en la Escuela Oficial Rural Mixta Realhuit. “Mi ilusión es ser doctor”, dice. Para ello, este niño de 9 años sabe que tiene que estudiar mucho y salir de ese centro de estudios, hacer la secundaria y, luego, ir a la universidad.

De momento, disfruta de su escuela, que forma parte del programa OIT/IPEC –Organización Internacional del Trabajo / Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil–. Esta iniciativa ha funcionado en Guatemala desde 2001 con el apoyo del Ministerio de  Educación, que otorgaba becas de Q300 anuales por niño.

Gracias a ello, escuelas como la de Esdras recibieron –en 2001, 2002 y 2003– una ayuda económica, que no iba directamente a un alumno en concreto, sino a un fondo común para el beneficio colectivo. “Se levantó el segundo piso, se hicieron los sanitarios y hubo escuela de vacaciones el año pasado”, recuerda Esdras, como parte de los beneficios de las becas.

Miriam de Celada, encargada del programa OIT/IPEC, explica que a través de diferentes iniciativas se busca facilitar que los niños lleguen a la escuela: “Se consigue a través de una serie de estímulos a los padres, sensibilización, matrícula gratuita, ampliación de las actividades recreati-vas o mejora de la infraestructura”.

“Queremos que la ayuda siga llegando, porque es en beneficio de los niños. Realmente ha mejo-rado la escuela y lo que allí les dan. Así, van más contentos”, señala Catalina. Esdras, que es de muy pocas palabras, asiente con la cabeza.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, promueve a nivel nacional y municipal, el otorgamiento de becas a familias de escasos recursos. Durante el año 2005, el Ministerio de Educación otorgará becas a 140,000 niños y niñas, y se esperan que esta cifra se multiplique en los siguientes años.

Este año, en las semanas previas a la Navidad –precisamente cuando aumenta la demanda de cohetes y, por tanto, su elaboración–, Esdras juega con sus hermanos y, a ratos, ayuda a la familia con los tubos de papel. Eso sí, el pequeño no deja de lado su sueño, ser doctor, y lo que ello conlleva: dedicarse al estudio.

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