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Familias sustitutas: huérfanos acogidos por sus familias

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© UNICEF/Gua06/JRChewsKlee
Nicolás Ramírez, de 13 años, de la aldea Panabaj de Guatemala, quedó huérfano a causa de la Tormenta Stan.

El 4 de octubre del 2005, en plena noche, un deslave de agua, lodo y piedras arrasó una gran parte de la aldea Panabaj, a orillas del lago Atitlán. En sólo minutos, la mitad de la aldea quedó sepultada, dejando a unos pocos sobrevivientes. Nicolás Ramírez, de 13 años quedó huérfano de padre y madre. Sólo en esta aldea la tormenta Stan dejó 17 niños y niñas huérfanos.

El huracán Stan entró en Centroamérica convertido en tormenta tropical y en Guatemala causó la muerte de a más de 600 personas, provocó cientos de desaparecidos y 3.5 millones de damnificados.

Al día siguiente al deslave, la radioemisora local anunciaba que en Panabaj estaban “disponibles” niños y niñas huérfanos. Para evitar irregularidades, en estas circunstancias UNICEF recomienda cesar cualquier proceso de tutoría u adopción hasta que se determine oficialmente la situación de los niños y sus familiares, así como se garantice un procedimiento de custodia conforme a la ley nacional, los tratados internacionales y las mejores opciones para el niño o la niña, enmarcados en el principio de interés superior del niño.

UNICEF, tras la tormenta Stan en Guatemala ha apoyado al Organismo Judicial a identificar a los niños y las niñas huérfanos y velar por su protección a través de la aplicación de la nueva Ley de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia que crea la figura de “familia sustituta” para niños y niñas huérfanos o en riesgo, aplicada por los Juzgados de la Niñez y la Adolescencia para asegurar la convivencia familiar y comunitaria respetando la identidad cultural, costumbres, tradiciones e idioma de los niños.

Nicolás y su hermano Juan de 15 años han sido acogidos por una familia sustituta, integrada por su hermana recién casada y su esposo que viven actualmente en el albergue temporal ubicado en la aldea Sanchaj, próxima a la desaparecida aldea Panabaj.

A pesar de las difíciles condiciones de vida en el albergue y a la falta de recursos económicos, la familia Ramírez Xicay decidió permanecer unida. La figura legal de “familia sustituta” se complementa perfectamente con la cultura indígena ancestral maya que trata de acoger y proteger a los suyos en el seno de la comunidad en casos de orfandad u otros riesgos.

Nicolás asiste regularmente a la Escuela Provisional de Panabaj, ya que la escuela oficial quedó medio sepultada tras el deslave y el área ha sido declarada como cementerio.

Después de seis meses de la tragedia, Nicolás aún se ve triste y apenas habla. Aunque comprende bien el español, se refugia en su lengua materna, el Tzutuhil, para expresarse parcamente y directamente con su maestra, Vicenta Puac, quien hace de traductora.

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© UNICEF/Gua06/JRChewsKlee
Nicolás sale de la escuela para continuar con su vida y seguir el camino de la recuperación.

Según Vicenta, Nicolás se está integrando bien a la escuela, pero aún no está del todo bien, a pesar de estar con su familia y de haber recibido atención psicológica por parte de especialistas del Puesto de Salud y de la Universidad San Carlos. “Venir a la escuela todos los días, estar con sus amigos, jugar a la pelota le hace bien. Todos lo apoyamos y estamos ayudando para que se sienta mejor –dice la maestra–. Pero cuando estoy dando clases, lo miro y siempre lo veo triste”.

Mientras tanto, Nicolás esquiva la mirada y baja la cabeza, sin decir palabra alguna.

Salvador González, Director de la Escuela de Panabaj dice que todos han sido afectados por la tragedia y cada quien está haciendo un esfuerzo por salir adelante. “Aquí sufrimos todos. No hay nadie que no fuera afectado. Perdimos nuestras casas, nuestra escuela… Hay niños, padres, amigos que ya no están con nosotros… Ha sido muy difícil”, dice el Director emocionado.

Según los expertos, el trauma de la pérdida de seres queridos en los niños es un proceso largo que debe estar acompañado de asistencia profesional. En este proceso, los niños y las niñas tienen que enfrentarse a la muerte de sus seres queridos; al duelo, que incluye servicios fúnebres y otros rituales alrededor de la muerte, que a veces en casos de catástrofes no pueden desarrollarse y que prolongan el sufrimiento de los afectados; y el luto, el conjunto de reacciones emocionales, cognoscitivas, conductuales y físicas que se observan luego de la muerte de un ser querido. Las respuestas normales al luto incluyen negación, adormecimiento emocional, rabia, ansiedad, tristeza, miedo, confusión, dificultad para dormir, sentido de culpa, entre muchos otros.

Sumado a este sufrimiento, especialistas también señalan que los desastres naturales como huracanes, terremotos, inundaciones, o deslaves como el caso de Panabaj son eventos traumáticos inesperados, incontrolables y que golpean seriamente la sensación de seguridad y auto-confianza del individuo, provocando intensas reacciones de vulnerabilidad y temor hacia el entorno. Estos efectos se clasifican como “trastorno por estrés postraumático”.

Nicolás, como los otros niños y niñas huérfanos de la tormenta Stan tendrán un largo camino de recuperación  por delante, pero gracias a las familias sustitutas, podrán hacerlo  al abrigo y la protección de sus propios familiares, tal vez con carencias, pero con un afecto inigualable, conforme a sus costumbres, tradiciones e idioma. Nicolás quiere seguir estudiando, como si intuyera que es una parte importante de su recuperación.

Al culminar las clases, Nicolás toma una bicicleta algo grande para su estatura y sonríe por primera vez. “Me la prestó mi cuñado” –dice en español–. Con todo lo que ha sufrido, se ve determinado en superar cualquier obstáculo y salir adelante.

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