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El niño, centro de la educación

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© UNICEF/Gua05/ElenaPrieto
A través del juego, en este caso una pelota, los niños aprende cuál es la derecha y cuál es la izquierda.

Un ambiente especial y acogedor se siente al entrar en uno de los veinte Jardines Infantiles que se ubican en diferentes aldeas del área ixil en Quiché. El aula ubicada en Salquil Grande, Nebaj, está decorada con alegres colores y se presenta llena de juguetes, dibujos y carteles bilingües en ixil y español que invitan a entrar. Y, lo más importante de todo, es que los niños están sonrientes. Muy sonrientes.

Juan, María Esther, Andrés, Álvaro o Feliciana forman parte de los aproximadamente 70 niños –de 3 a 6 años– que cada mañana, sobre las 8.30 horas, llegan a este Jardín Infantil, coordinado por la Asociación para la Educación Integral Bilingüe Intercultural Maya Ixil, Apedibimi.

“Ellos son el centro del aprendizaje. Los niños no son un mero receptor como ocurre tradicionalmente”, indica Magdalena Pérez, coordinadora pedagógica de Apedibimi. De esta manera, cuando los niños llegan al centro, cada uno se dirige, por su propia elección, a uno de los tres “rincones” que están identificados en el aula: lenguaje y comunicación, pensamiento lógico o expresión artística.

Después de entretenerse un rato en esos “rincones”, llega el momento del “diálogo en corro” –no en hileras–, con el objetivo de que todos se vean y puedan expresarse abiertamente. Por ejemplo, Juan cuenta lo que hizo ayer en la tarde, mientras que un espontáneo Álvaro se decide por compartir, en ixil, un breve cuento con sus compañeros.

Aprendizaje a través del juego

“Es la hora del aprendizaje”, dice en ixil la maestra. Los niños se separan en dos grupos –por un lado, los de 3 y 4 años, y, por otro, los de 5 y 6 años–.

Los “pequeños”, acompañados por uno de los dos maestros del Jardín, diferencian cuál es la derecha y cuál es la izquierda dándole al balón fuera del aula; mientras que los “mayores”, con la maestra, aprenden a separar los nombres en sílabas. Para ello, los niños tienen que dar tantos saltos hacia delante como sílabas contenga su nombre. “Álvaro” brincará tres veces.

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© UNICEF/Gua05/ElenaPrieto
Lavarse los dientes es parte de las tareas diarias como lo hacen Andrés, Jacinta y Feliciano.

La facilidad con la que se desarrollan las actividades y la familiaridad con la que los niños acuden al Jardín tienen su razón de ser. Tanto Magdalena, la pedagoga de Apedibimi, como Catarina Bernal, mamá de Álvaro, explican que todo es parte de un proceso: los maestros son elegidos de la comunidad, la educación es bilingüe para que el niño no sienta el choque de estudiar únicamente en español y los padres de familia intervienen directamente en el proceso educativo.

“En casa damos seguimiento a las enseñanzas de la clase y los padres también colaboramos haciendo juguetes o preparando la refacción escolar”, señala Catarina.
Además, el aprendizaje y la metodología que impulsa Apedibimi no empieza a los 3 años, cuando los niños –unos 1,360 en total– llegan a alguno de los 20 Jardines Infantiles que esta asociación coordina en 14 comunidades del área ixil.

Cuando los niños tienen de 0 a 3 años, se capacita a las mamás –con la ayuda de 19 pro-motores que llegan a 15 comunidades– sobre la importancia de la educación, la estimulación temprana o el control sanitario de los pequeños.

A fin de cuentas, se trata de potenciar la educación inicial con el esfuerzo conjunto de varios actores: Apedibimi –como ente coordinador, gestor de ayudas y responsable de la parte pedagógica–, el Ministerio de Educación –con el pago de los maestros–, la comunidad –con el acompañamiento educativo de los niños y el mantenimiento de los Jardines Infantiles–, y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, –con la realización de talleres de actualización para los maestros, la capacitación de mujeres en educación inicial o la entrega de materiales, entre otros–.

El éxito es real. Los niños disfrutan aprendiendo y las “obligaciones” que tienen en el Jardín no se sienten como tales. Así, cuando llega la hora diaria de lavarse los dientes, antes de partir a casa, los niños y niñas acuden presurosos hacia su maestro para que les ponga pasta de dientes en sus cepillos. Saben de la importancia de la higiene bucal.

Con esta actividad, finaliza el día y los pequeños abandonan el aula. La siguiente jornada escolar comenzará de la misma manera que hoy: con la llegada de niños sonrientes y contentos por recibir, a través del juego, nuevos aprendizajes.

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