Quiero seguir estudiando
La débil economía familiar imposibilita que ni siquiera un hijo único acuda a la escuela… Olga, a pesar de sus nueve años, sólo ha acudido a clase durante un año. Ganó primer grado, pero ya no regresó por su segundo grado. La razón la explica ella misma, sin tapujos: “Sí me gustaba ir a la escuela. Yo le he dicho a mi papá que me ponga en la escuela y él no me pone, porque dice que no tenemos pisto.” Y su papá, Rómulo confirma que la situación económica es la que le obligó a tomar esa decisión. “Si yo digo que el dinero alcanza para la comida, le miento. Dinero por ahí gano y el viejito (refiriéndose al abuelo) que me ayuda. Pero no hay un trabajo que sea durable.”
Erlinda, la abuela de Olga reflexiona entonces en voz alta “uno pobre, pasando la vida, pagando pena,… pasando la vida…” Pero Olga no se conforma con pasar la vida, quiere romper este círculo “me gustaría trabajar de cajera… ¡pero, si no sé sumar…!” La beca escolar se convierte así en un estímulo para niños, niñas y sus familias para no abandonar la escuela…
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