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Año tras año, en primer grado

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© UNICEF/Gua06/ElenaPrieto
Lisian es un niño que no ha tenido la oportunidad de estudiar, debido a que tiene que trabajar para ayudar con la economía de la familia.

En la puerta principal de la  Escuela Urbana Mixta Óscar de León Palacios conversamos con el director, Gustavo Adolfo Rivera sobre los 420 estudiantes matriculados en esta escuela del municipio de Guanagazapa, Escuintla. Muchos de ellos, no acuden a diario e incluso pasan semanas hasta que regresan. “Debido a la naturaleza temporal del trabajo de la mayoría de los padres de familia, los niños ayudan a sus papás y faltan a la escuela frecuentemente”, afirma Gustavo.

Las consecuencias de la falta de asistencia son irrecuperables “aquel alumno que falta a la escuela durante unos días, cuando regresa no se ubica, no participa, se siente extraño. Podríamos decir que tarda una semana en ubicarse en lo que están estudiando sus compañeros y ya nunca recupera lo que perdió,” explica el director. “Esto afecta en su rendimiento porque ni tienen los conocimientos del que asiste día a día a la escuela ni tampoco ayuda a despertar el interés de aprender en los niños”, añade.

Mientras habla de la realidad del municipio, saluda a un vecino que camina por delante de la escuela. Con machete en mano Ovidio Car Alvarado, de 37 años acompañado de su hijo mayor, Lisian Car Franco de 12, acaban de terminar el trabajo por hoy, y se dirigen hacia la casa. Gustavo explica que esta familia es un claro ejemplo de lo que contaba. Seis hijos, sólo dos matriculados en la escuela y Lisian falta con frecuencia.

De camino a la vivienda familiar, tres hijas de Ovidio se unen a papá y hermano. En un segundo nivel se encuentra la casa. La mamá, Teresa, está torteando y los recibe con una sonrisa, sin detener su actividad. La hora del almuerzo es inminente y son ocho bocas las que hay que llenar.

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© UNICEF/Gua06/ElenaPrieto
A pesar de todo, Lisian tiene la esperanza de avanzar en sus estudios para forjarse un mejor futuro.

Débil economía familiar

Ovidio se dedica a la pesca y cultiva algo de maíz. Lisian lo ayuda “cuando no tiene clases se viene conmigo al río”. “No muy le gusta el estudio, a puro regaño yo le mando a la escuela. Le gusta más venir conmigo al río”. Y continúa hablando de la mala economía familiar “no es sufi-ciente como está la situación ahorita. Los precios van p´arriba y el jornal de uno no aumenta.” “Decir que ese dinero es suficiente fíjese que no. No es suficiente para lo que uno quiere. Y lo que uno quiere no es mucho sino que es para comer, vestirse…”.

Asegura que desea que sus hijos continúen en la escuela “yo quiero que sigan estudiando. Siempre he tratado la manera de que sigan estudiando para que aprendan a leer y escribir. Yo siempre les digo que si ellos cuidan el estudio, les va bien, porque una persona estudiada, al-canza más facilidad para vivir.” 

“Sólo dos de mis hijos estudian. La hembrita estudia segundo grado y el varón primero”. Lisian lleva cinco años en la escuela y todavía continúa en primer grado. Su hermana Fabiola de 10 años ganó el grado. A Ovidio le cambia el rostro mientras asegura “estoy luchando por mis seis hijos, pero a veces el dinero no le alcanza a uno para que todos vayan a la escuela.”

Lisian, es tímido. Muy tímido. Su voz se pierde con las palmadas de su mamá, que no ha parado, todavía, de hacer tortillas. Mientras agarra uno de los pollos, que caminan evitando ser pisoteados por una de las inquietas hermanas de Lisian, afirma contradiciendo las palabras de su padre, “sí me gusta estudiar. Prefiero estudiar que trabajar con mi papá.”

Y mirando por la ventana añade “todos los años estoy perdiendo, pero este año voy a ganar.”

Teresa ya ha terminado de hacer las tortillas. Pide más leña para calentar los frijoles. ¡Hora de almorzar!

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