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La oportunidad para seguir aprendiendo, la beca escolar

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© UNICEF/Gua05/ElenaPrieto
El sueño de ser enfermera, se ha convertido en una meta para Veda.

“Todos estos pupitres están acá porque no somos todos esos niños en la escuela, somos menos”. Veda Noemí Pérez se refiere a una montaña de escritorios que ocupa parte del porche de la escuela oficial de El Rodeo, Camotán, Chiquimula. La explicación de Veda sobre el número de estudiantes, no concuerda con los datos de niños y niñas en edad escolar, que ocuparían los pupitres del aula, más los del porche y todavía algunos de ellos se quedarían de pie. Sin embargo,  asistir a la escuela, es para la niñez de esta aldea toda una suerte.

Veda tiene 16 años y estudia primero básico. Su familia es una más de la aldea; son nueve her-manos, su papá de dedica a la agricultura y su mamá a las labores del hogar. El maíz y el frijol que el papá cultiva son el principal y único ingreso familiar lo que significa que han de hacer malabares para llegar a fin de mes. Seguir estudiando es todo un lujo, que Veda únicamente puede permitirse gracias a las becas para niñas que entrega CODEFEM (Colectivo para la Defensa de los Derechos de las Mujeres en Guatemala) con el apoyo financiero y de acompañamiento que obtiene del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF.

Para una familia campesina guatemalteca los gastos que supone enviar a sus hijos e hijas a la escuela es un esfuerzo económico que no todos pueden realizar, y no es extraño que los cabezas de familia lo vean además como pérdida de mano de obra. Tanto para niños como para niñas, los obstáculos para lograr acudir un curso más a la escuela son muchos, pero la indudable discriminación de género existente hace que en caso de tener que elegir entre un niño o una niña, la familia no dudará en invertir sus recursos en la educación del varón convencida de que es una mejor inversión a largo plazo. Es por ello que “pretendemos que a las niñas se les dé la oportunidad de poder acceder a la educación en igualdad de condiciones que a los niños y disminuir los índices de deserción e inasistencia escolar femeninos”, afirma Telma Ramos, asesora técnica de CODEFEM.

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© UNICEF/Gua05/ElenaPrieto
Estar interesada en continuar sus estudios y demostrar ese interés día a día en el aula es como Veda consiguió la beca.

Metas que superan dificultades

Veda es una de las 200 niñas de nueve departamentos del área rural que reciben 500 Quetzales (aproximadamente 60 dólares) en tres pagos trimestrales. “Yo he comprado útiles escolares y el uniforme. También compré estos zapatos porque los que tenía estaban ya muy viejitos” asegura Veda. Los únicos requisitos que se pedían a las candidatas eran tres: poseer bajos ingresos económicos, que las niñas muestren su deseo de continuar estudiando y que la familia no se oponga a que las niñas sigan acudiendo a la escuela.

Veda cumplió todos los requisitos con creces y así fue como hace casi tres meses supo que el dinero no supondría un impedimento para acercarse un paso más a su gran sueño: ser enfermera. “Sé que es difícil pero me gustaría poder seguir estudiando y regresar a la aldea siendo enfermera y aquí curar a la gente”, cuenta.

A pesar de las dificultades, como explica Ana Rosanely Cruz, Promotora de la Mujer del Municipio de Camotán, “culturalmente la mujer no tiene ningún valor en la región Chorti´, además los papás no quieren que las niñas salgan de la aldea ni siquiera para estudiar y muy pronto tienen a su cuidado a los hermanos más pequeños. También es frecuente el matrimonio precoz”. Las metas personales y los sueños de Veda quieren superar todos esos obstáculos.

El apoyo de su familia es una motivación más para ella “todos están contentos pero una de mis hermanas ya casada siempre me dice: si vos querés, estudiá porque ya tendrás tiempo para ser esposa y mamá.”

Después de la interrupción en la lección de matemáticas, Veda vuelve a entrar a su aula. Todos los compañeros están pendientes de la explicación del profesor “espere, Veda no se siente, trate de resolver este problema primero”. Ella agarra el yeso, y sin mostrar ninguna dificultad resuelve la operación, satisfecha, regresa a su pupitre.

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