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De vuelta a casa…

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© UNICEF/Gua05/ElenaPrieto
María Antonia, con apenas dos años, es ajena a todo lo ocurrido a su alrededor.

Maria Antonia, con apenas 2 años, juega feliz y despreocupada, como cualquier  niña de su edad, a la entrada de su casa en la aldea El Plantón, Palencia. Ella es ajena a los sufrimientos, desesperaciones y, finalmente, alegrías que ha vivido su familia. Sin saberlo, María Antonia fue protagonista de una de esas historias de robo de niños, que en aquel entonces, evidenciaba la necesidad que en Guatemala era necesario un ente rector y una legislación específica en materia de adopciones.

“Se la llevaron con engaños”, comienza diciendo Raúl de Jesús Pineda, padre de la niña, cuando se le pregunta por lo ocurrido. “En septiembre de 2003, más o menos, mi esposa se puso muy enferma y, en eso, llegó una vecina con un matrimonio para ayudarnos. Ellos nos ofrecieron algo de dinero y cuidar a la niña, que tenía 6 meses, mientras mi mujer estuviera en el hospital”, cuenta Raúl, padre de 9 hijos.

Raúl y su esposa, Petrona, creyeron en la buena voluntad del matrimonio y, bajo la condición de que verían a la niña cuando quisieran y que ésta regresaría a casa cuando la mamá sanase, entregaron a María Antonia. “Qué error fue aquello... Sólo vimos a la muchachita una vez más. Ya nunca más contestaron al teléfono y comenzamos a sospechar que algo andaba mal. La vecina que trajo al matrimonio decía que ella no sabía nada”, indica Raúl.

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“Me tiré a ley. Puse una denuncia en la Policía, después fui al Juzgado de Paz y finalmente el caso llegó al Ministerio Público”, recuerda el papá de María Antonia, quien se desesperaba continuamente porque la resolución del caso no avanzaba y él no se sentía escuchado.

“Sin saber leer, sólo Diosito me iluminaba, fui de un lugar a otro en busca de ayuda para hacer la lucha”, señala Raúl. Así, se puso en contacto con una ONG internacional, cuya oficina legal ha recibido el apoyo y la asesoría del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, en materia de adopciones.

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© UNICEF/Gua05/ElenaPrieto
María Antonia juega con sus hermanos, después de meses de ausencia.

“Nosotros les dimos apoyo legal y seguimiento a la resolución del caso en el Ministerio Público. El problema era que todos creían que la familia había “vendido” a su hija; pero si hubiese visto usted la desesperación y el amor con los que el papá venía periódicamente a la capital para preguntar por su niña, sabría que no fue así”, recuerda Dinora Echeverría, abogada de la ONG.

Con la intermediación y el apoyo de esta institución, se logró dar con la niña. “La Policía llegó a casa de la vecina que conocía al matrimonio que tenía a María Antonia, y de ahí dieron con la niña en mayo de 2004. La pequeña fue a una casa-hogar, hasta que un juzgado escuchara a las partes involucradas y se resolviera el caso”, indica Dinora Echeverría.

Afortunadamente, el matrimonio que quería la niña para sí, no se había preocupado de los as-pectos legales y la elaboración de documentos, por lo que no podían demostrar que la pequeña fuera de ellos.

“Nunca firmamos nada, porque nunca quisimos dar a la niña”, cuenta Raúl. Sin embargo, durante el periodo en el que María Antonia estuvo en la casa-hogar y se desarrollaban las audiencias en el juzgado, la pareja llegó en tres ocasiones a El Plantón para convencer a Raúl y a Petrona de firmar unos papeles. “Uno desconoce muchas cosas, pero no es tan ignorante como para eso. Además, ya nos habían advertido de la posibilidad de que la familia insistiera. Cuando llegaron por tercera vez a pedirnos la firma, no tuvimos más opción que echarlos con malas palabras”, señala Petrona.

El día más feliz llegó el 9 de agosto –“fue como un volver a nacer de María Antonia”, dice su madre–, cuando el juzgado resolvió entregar a la niña a sus padres biológicos. “Fue una gran alegría estar otra vez todos juntos. La pobreza no hace que uno no quiera a sus hijos a su lado... hay más dificultades para sacarlos adelante, pero uno hace todo por ellos”, señala Raúl.

En esta historia, según Dinora Echeverría, el final no ha sido tan dulce. “La niña volvió con sus papás, eso sí, pero contra el matrimonio que se la llevó no hay ningún proceso. Todavía falta mucho por hacer en materia de adopciones, pero con el esfuerzo de entidades del país e internacionales, como UNICEF, estamos avanzando”, puntualiza.

En la actualidad ya existe una Ley de Adopciones y un ente rector que es la Comisión Nacional de Adopciones (CNA), lo cual ha ayudado a reducir el robo de niños y tener un mejor control en el tema de adopciones, tomando en cuenta primero el bien superior del niño.

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