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El despertar a una nueva vida, después de sufrir abusos sexuales

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© UNICEF/Gua04/ElenaPrieto
Julia, una niña de 14 abusada desde pequeña por su propio padre.

Julia* es una niña muy expresiva. Mueve constantemente sus manos al hablar y sus palabras están acompañadas, en todo momento, por los sentimientos que expresan sus grandes ojos color café. Es jovial, sincera, abierta… y relata, con una apertura que sorprende, todo lo que le ha tocado vivir. Demasiado.

¿Cómo llegó a Casa Alianza? “Fui maltratada y abusada sexualmente por mi papá”, responde directamente esta niña de 14 años, originaria de San Benito, Petén. Historias parecidas a la suya podrían repetirse en boca de quienes viven en el centro femenino de Casa Alianza, en la zona 2 de Mixco, donde se atiende a 19 niñas, 15 jóvenes madres y 14 bebés.

Ahí se escuchan relatos de maltratos, abandono, abusos y tristeza. Lo que hace especial a Julia es que, a diferencia de otras niñas, ella habla del tema con gran soltura. “Así puedo avanzar”, señala.

Abusos desde los siete años

“Mi papá abusó sexualmente de mí desde que tenía 7 años, me pegaba. Además, me vendía a hombres con los que tenía deudas. Fui explotada sexualmente y mi mamá nunca se enteraba, porque ella iba a trabajar temprano y volvía a casa hasta las 6 de la tarde. Yo no hablaba de ello porque él me decía que si lo hacía, me iba a matar”, relata.

Por aquel entonces, Julia se preguntaba el porqué de la actitud de su padre hacia ella, ya que con sus cuatro hermanos –una niña y tres niños– no se daba ningún tipo de maltrato. “Yo no había hecho nada malo”, dice.

Con el paso de los años, pero sin ningún respiro en los maltratos y vejámenes, Julia fue entendiendo que aquello no estaba bien. “Cuando tenía 7 años, no sabía que lo que  pasaba era inco-rrecto. Cuando fui creciendo, vi que eso no tenía que ser así; entonces, empecé a negarme, pero él me pegaba con tal de quedarse con su gusto”, cuenta.

Hace menos de un año, la situación comenzó a cambiar debido a que sus vecinos denunciaron los hechos a las autoridades. “Se inició un proceso legal y el juez me envió a Fundación Remar  –una institución de acogida– en San Benito, donde estuve una semana. Después, el juez decidió mandarme aquí, a Casa Alianza. Llegué el 6 de abril pasado”.

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© UNICEF/Gua04/ElenaPrieto
Ahora Julia se siente feliz, pues ya no está pasando lo de antes y el futuro lo ve con optimismo.

Un nuevo hogar

Rodeada de otras niñas que han sufrido maltratos y situaciones similares a la suya, y con el personal de Casa Alianza, Julia ha encontrado un nuevo hogar, “una gran mansión”, como ella dice. “Realmente somos una familia y ellos me apoyan. Ahora estoy feliz y contenta, porque ya salí de la violencia”.

Su adaptación a la vida en Casa Alianza, que está financiada por donaciones, fue fácil. Rápida-mente se hizo al lugar, a la nueva rutina y a las actividades y sesiones comunitarias. “Conseguí terminar aquí quinto grado y el año entrante haré sexto, ya que quiero terminar la primaria. Ahora que estamos de vacaciones, recibí un curso de panadería, ayudé en la cocina y esta semana estaré en recepción”, cuenta orgullosa, como si estuviera repasando mentalmente su agenda de actividades.

A pesar de su jovialidad y soltura al hablar, hay momentos en los que se muestra más esquiva. Así ocurre cuando se le pregunta sobre su familia, la que está en Petén. Su madre sólo ha llegado a verla una vez, desde que Julia está en la capital y se le permite recibir visitas. ¿Por qué no llamarla? “Primero, no me llama la atención hablar con ella; y dos, no sé dónde dejé el número de teléfono”, contesta. Su padre, en tanto, enfrenta un proceso penal, a raíz de la denuncia interpuesta por los vecinos.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, inició en el año 2003 un proyecto con la Cooperación Italiana para definir e implementar a nivel centroamericano, una estrategia de combate al abuso, la explotación sexual y la trata, promoviendo marcos legales adecuados, fortaleciendo la capacidad de las instituciones nacionales encargadas de estos temas, desarrollando sistemas locales de protección y participando en campañas de sensibilización sobre estos temas.

El futuro…

Julia se siente feliz, “ya no estoy pasando lo de antes”, y el futuro lo ve con optimismo. Ella sabe que continuar en Casa Alianza dependerá de la decisión del juez. “Quiero quedarme aquí, no me quisiera ir hasta que sea más mayor porque tengo toda una vida por delante”, dice Julia.

No hace falta ni un minuto para percibir que las cosas le van a ir bien. De momento, su decisión y espíritu alentador le han valido para representar a otros niños en diversas actividades y foros relacionados con los derechos de la niñez. Más adelante, a Julia le gustaría dedicarse al perio-dismo y, tal vez, a su gran pasión: la música.

“Los amigos de Ricardo Arjona se reían de él y no le creían cuando decía que iba a ser un can-tante de éxito, y mira ahora…”, reflexiona Julia. ¿Por qué yo no voy a alcanzar mis sueños?, parece preguntarse. Suerte.

*Nombre ficticio

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