Explotación sexual comercial
Una Nueva Vida de Color Azul “Ya no me la paso amargada, ahorita estoy feliz”, repite Fabiola* varias veces mientras relata la historia de su vida. Una historia similar a la que miles de niñas y adolescentes sufren en Guatemala. Todo comenzó hace cinco años, con la promesa de ganar más dinero del que obtenía en El Salvador, su país natal. Ella tenía 13 años y la intención de conocer mundo; pero sus inocentes intenciones se vieron truncadas un día después de partir, sin papeles, al país vecino. “Llegamos a Retalhuleu y a mí no me gustó. Hacía mucho calor y fuimos a un bar. Pensé que trabajaría de mesera pero las otras chicas me explicaron qué era lo que teníamos que hacer y yo me sentí fatal”. Ese sentimiento no lo abandonó durante los cuatro años que estuvo trabajando como prostituta en ese bar y los otros cinco locales que su jefa poseía en la región. “Muchas noches me las pasaba llorando. Sólo pensaba en salir volando y no volver a regresar allí más”. Fabiola añade que por esa amargura es por la que comenzó a tomar drogas. “Fumaba piedra y marihuana para olvidar. Tomaba mucho también porque los clientes me invitaban y así pasaba los días”. Día tras día, de nueve de la mañana a una de la madrugada, Fabiola se dedicaba a la prostitución sin poder abandonar el local prácticamente ni para salir a comprar alguna cosa. Eso fue así, hasta que la policía, junto con personal de la Procuraduría General de la Nación, realizaron una redada, y localizaron a Fabiola y a otras doce menores de edad, que como ella habían dejado de ser niñas demasiado pronto. Fabiola abandonó aquella ciudad y aquella vida con su hija, María*, de diez meses en brazos. “Cuando nació la nena no me dejaron tenerla allí conmigo. Mi jefa me decía que si venía la policía nos pondrían una multa y yo iba a tener que pagar todo el dinero. Y para pagar más yo prefería pagar a una señora para que la cuidara. La veía una vez por semana”, relata.
Todos estos tristes y duros recuerdos hacen que Fabiola pierda la alegría que iluminaba su rostro, hace unos minutos, cuando sacaba a su hija de la cuna después de la hora de la siesta. Entre madre e hija existe una complicidad que emana ternura y que demuestra la evolución que ha tenido esta relación desde que llegaron a una institución de acogida. En este programa han encontrado la ayuda y protección que necesitaba, para poder guiar su vida en otra dirección. “Al principio estuve desesperada porque no hallaba qué hacer. Yo tenía sólo 16 años cuando ella nació y me parecía que ella era bien delicada. Ahora ya es diferente y siento que las dos nos entendemos mejor”. El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, aborda el tema de la explotación sexual comercial en tres esferas: La prevención, la protección que se concentra en las leyes y los sistemas de aplicación de la ley y por último la recuperación y reintegración que consiste en llegar a los niños y niñas que han caído víctimas de la explotación sexual, sacarlos de esa situación, proporcionarles servicios y apoyo. Un nuevo futuro Como mamá adolescente que es, ha comenzado a analizar cuál será su papel como madre. “A mi hija desde ahorita y para siempre le voy a dar todo el cariño y la confianza para que me comente todo y así poder aconsejarla bien. Y creo que no le contaré todo lo que hice durante mis años en Guatemala pero sí al final se lo digo, será para enseñarla y para que no lo tome como una discriminación”. En noviembre, se cumplirán dos años desde que salió del bar y piensa regresar a El Salvador. “Voy a vivir otra vez con mi mamá. Sé que ha pasado mucho tiempo y que ahora tengo a mi hija pero quiero volver allí y continuar con mi vida. Quiero seguir estudiando para tener un mejor futuro. Porque si hay algo de lo que me arrepiento es de haber dejado de estudiar y haberme ido de la casa de mis papás”. Lo que quiere estudiar todavía no lo sabe, pero sus planes son terminar los dos grados que está estudiando y comenzar con el diversificado el año próximo. Después, ya decidirá. Su día a día ha cambiado radicalmente. Esta mañana tuvo una entrevista de trabajo. “Estaba muy nerviosa porque nunca he trabajado en una maquila antes y tanta gente me asusta. Pero creo que si voy a conseguir el trabajo y lo haré muy bien” y su próximo objetivo es aprobar los exámenes de ciencias y música que tiene en cuatro días. Mientras seguirá llevando cada mañana a María, su hija, a la guardería, lavando la ropa, escuchando la música de sus cantantes favoritos… Y siempre mirando a la vida de un color más positivo “miro a mi pasado y lo veo negro, mi futuro lo veo azul, que es el color de la pureza y la inteligencia”. *Nombres ficticios. Textos y fotografías: Elena Prieto
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