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Inmunización y “más”

© UNICEF/Guat/Prieto
Adolfo sorprende a todos no llorando ni gritando en el momento de la inyección.

Buenos días, vengo a vacunar a mi bebé

La sala de espera del centro de salud está a rebosar. Son sólo las ocho de la mañana y no queda ningún asiento libre. Los más pequeños corretean por los pasillos hasta que sus mamás les recuerdan que allí no se puede jugar. Entonces se sientan. Hasta que se cansan de estar sentados y otra vez a correr…

La sala de vacunación está al fondo del pasillo, y parece que la afluencia de pacientes es menor  que para las consultas generales “nunca se sabe a qué hora llegarán los pacientes. Es curioso porque no sé por qué será que los lunes y viernes mucha más gente llega. De todas formas es temprano todavía, seguro que en un ratito llegan más” y esperando que sea así, Ana Barrientos, auxiliar de enfermería encargada de las vacunas e inyecciones en el Centro de Salud de la zona 6 de la capital de Guatemala, explica su experiencia diaria con los pacientes.

“La mayoría de las mamás llegan con sus nenes porque el médico les dijo que tenían que venir a vacunarlos. Aunque hay algunas mamás que saben perfectamente las vacunas que les tienen que poner”, y continúa “la mayoría de mamás vienen solas. A veces con sus hijos más mayores pero los papás rara vez. Cuando vienen las acompañan hasta la puerta y se quedan sentados en la banca esperando…” Ana no ha terminado la frase cuando la primera paciente del día se asoma a la puerta… “Buenos días venía a vacunar a mi niño…” María Asunción Hernández tiene 33 años. En brazos carga al más pequeño, Gustavo Adolfo Monroy de 1 año y con la tarjeta de vacunación en la mano y a su lado está Carlos Enrique, el segundo de sus cuatro hijos.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, trabaja para lograr la cobertura total de la vacuna Pentavalente a niños y niñas nacidos en el año 2005. Para ello proporciona asistencia técnica al Ministerio de Salud en los temas de adquisiciones, iniciativa de nuevas vacunas, pla-nes de comunicación y entrega de insumos directos.

La vacuna Pentavalente consiste en  tres inyecciones a los tres, seis y nueve meses de edad del bebé y se ha convertido en prioridad de UNICEF ya que además de inmunizar contra la Difteria, Tos Ferina y Tétanos incluye la prevención de Haemophilus Influenza que es la causa de Neumonías, Meningitis y Hepatitis B enfermedades que afectan, cada vez más, a la población guatemalteca.

© UNICEF/Guat/Prieto
La acidez de la Vitamina A provoca un mayor descontento en Adolfo.

Ana echa un vistazo a la tarjeta de vacunación del pequeño Adolfo. Todas las vacunas están al día. Tras rellenar la fecha del día en el cuadro de la “Tercera Pentavalente”, pasan los tres detrás del biombo. Ana prepara la vacuna, mientras explica a la mamá los posibles síntomas que el pequeño sufrirá durante los próximos días “le dolerá el bracito y lo tendrá inflamadito. Lávelo con agua y desinfectante y si le da calentura que tome un calmante”

Antes de inyectarle todavía quedan unos minutos para que mamá e hijo mayor comenten cuál será la reacción del bebé. “Yo creo que va a llorar bastante” afirma Carlos, y su mamá añade “no nunca llora, pero sí grita un poquito.” La auxiliar de enfermería agarra el bracito y procede a poner la inyección. Para sorpresa de todos los allí presentes, Adolfo ni llora ni grita, sólo hace un gesto de dolor con el rostro mientras atentamente observa a la auxiliar de enfermería que le dice lo valiente que ha sido. A continuación la Vitamina A, y esta vez muestra más su descontento. La acidez de las gotas, no le han gustado, y lo hace saber.

María Asunción viste a su hijo y presume del buen comportamiento que éste tuvo durante la inyección mientras relata cómo su realidad de niña fue bien diferente “Yo nací en San José Nacagüil y a mí de patoja no me vacunaron porque allá en el pueblo no se acostumbraba. Ninguno de mis hermanos fue vacunado.”

Esta mamá, al igual que las otras ocho, que durante dos horas visitaron la enfermería, es una muestra del cambio generacional y de cómo la responsabilidad por vacunar a los niños ha ido en aumento. “Tengo cuatro hijos y a todos ellos les he puesto vacunas porque yo sé que es importante. En el hospital me dijeron que tenía que vacunarles y yo siempre lo he hecho. Pero no siempre vengo a este centro de salud, acostumbro más a ir a las jornadas de vacunación que organizan en la colonia”

De momento no tendrán que regresar a ningún centro de vacunación hasta dentro de tres meses tal y como lo indica la tarjeta de vacunación de Adolfo. La siguiente inyección será a los 12 meses, esta vez tocará la vacuna SPR (Sarampión, Rubéola y Paperas) y seguro que Adolfo volverá a portarse igual de bien…

Fotos y texto: Elena Prieto

 

 
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