Seminario sobre la explotación sexual comercial
Guatemala, 24 de Mayo de 2005 ESCÚCHAME… TE CUENTO MI HISTORIA UNICEF, junto a la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia y la Cooperación Italiana, desarrollaron el seminario “La explotación sexual comercial a niñas, niños y adolescentes en Guatemala”, con el propósito de reflexionar sobre este problema en el país analizando los factores, los actores y los elementos menos discutidos para desarrollar un plan de acción nacional. Gladys Acosta Vargas, Representante de UNICEF en Guatemala dijo que no sólo hay que comprender este problema, sino que es necesario actuar porque aunque no es un flagelo masivo, es significativo. “La explotación sexual de niñas, niños y adolescentes es una de las formas más crueles de violación de los derechos humanos” –dijo Gladys Acosta. En este seminario participaron más de 60 personas de instituciones gubernamentales, de la sociedad civil, del cuerpo diplomático y de la cooperación internacional. Durante la inauguración del seminario donde intervinieron Rossana de González, de la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia, Gladys Acosta Vargas de UNICEF y Emanuela Benini, Directora de la Cooperación Italiana, esta última comentó que su institución no sólo es un ente financiador, sino que también se involucra en el tema desarrollando un plan de acción concreto para abordar el problema de la explotación sexual comercial. “Escuchar a los niños, las niñas y los adolescentes, es un factor clave para comenzar a entender un problema y abordarlo conjuntamente”, –dijo Benini.
Entre los puntos centrales del seminario se contó con la presentación y la validación de un estudio (monografía) sobre la explotación sexual comercial en Guatemala, donde participó Clara Sommarin, Oficial de Proyecto de la Oficina Regional de UNICEF para América Latina y El Caribe y Dora Giusti, Oficial de Proyecto de Protección de UNICEF en Guatemala. “Un mi primo nos ofreció que nos iba llevar a un lugar donde íbamos a ganar muy bien en la ciudad de Guatemala. Nosotras [mi prima y yo] nos entusiasmamos y aceptamos. Ese primo sólo nos hizo el daño. Él nos vino a vender a un bar. Yo tenía 13 años y mi prima era un año menor que yo. Cuando la dueña del bar nos vio, rápido nos agarró. Ella estaba contenta porque iba a ganar mucho a costillas de nosotras. Cuando nosotras llegamos a ese bar empezaron a llegar muchos clientes. Cada día teníamos que ‘ocuparnos’ hasta 10 veces al día”.
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