Vidas reales

Historias de vida

 

Emergencias

© UNICEF Ecuador/2006/Estevez

En la mirada de Angel, de 10 años, se lee lo que ha vivido estos días. de erupción del volcán Tungurahua.  Angel ya conoció lo que es el miedo extremo.  Recuerda que estaba comiendo con su familia, cuando un fuerte ruido lo dejó quieto sobre la silla “Sonaba como una bala, yo le dije a mi hermano que seguro nos íbamos a quemar”.

Los vecinos salieron despavoridos, El Tungurahua lanzaba piedras incandescentes, columnas de humo y ceniza.  Angel no entendía qué debía hacer, no alcanzó siquiera a coger uno de sus juguetes.

Angel Menéndez es uno de los cientos de niños que viven en albergues, en pueblos más alejados del volcán. Su madre se reúne por las noches con Angel en el refugio de Cotaló, pues durante el día procura llegar lo más cercano a la casa que quedó abandonada para ver si todo sigue igual. Pese a que Ángel es muy pequeño, sabe que al no estar en su casa, los amigos de lo ajeno podrían robarle lo poco que tienen.
Lo que más preocupa al chico son sus animalitos, cerdos y gallinas: “Los extraño mucho y no sé si los vuelva a ver, no tienen comida ni agua”.

Durante el día Angel procura jugar o participar de las actividades recreativas que se organizan. UNICEF ha provisto al albergue de Cotaló de un “Rincón del juego”, con juguetes didácticos, materiales para dibujar y expresarse, pelotas, colchonetas.  Coordina con psicólogos voluntarios la atención psicosocial de los chicos, para ayudarles a superar lo antes posible la impresión dejada por el miedo y el cambio drástico que han vivido en las semanas recientes.

En el refugio Angel extraña su casa, aunque no le falta alimento, juega mucho y ha hecho nuevos amigos con los cuales se divierte. Son muchas las preguntas que tiene en su mente. Quiere saber cuándo va a volver a su casa, cuándo podrá ir a la escuela, si el volcán podría explotar de nuevo.  Quiere dormir en su cama, y abrazar a sus chanchos y gallinas….Por ahora sabe que está en un lugar seguro, pero los caminos están cerrados, llenos de lodo, y en su casita lejana el peligro continúa.


 

Que el volcán se vuelva a dormir

 

 
unite for children