Vidas reales

Historias de vida

 

Derecho a la protección contra el abuso sexual

Junto a la misionera está Luisa, una niña de catorce años, que no fue registrada al nacer. Cuando logre inscribirse quiere cambiar su nombre, el que eligió su padre, un albañil colombiano que estuvo preso acusado de asesinato. Él la ha violado y abusado desde que tenía siete años. Luisa le contó a su mamá pero ella no le creyó.

Su padre maltrataba a su madre hasta que la dejó por su hermana, la tía de la niña. Su madre fue a vivir a Santo Domingo de los Colorados, se volvió a casar y tuvo tres hijos. Mandó a vivir a Luisa con su papá en Lago Agrio porque su padrastro no la quería. Su papá,  su tía y ella vivían en un mismo cuarto. Cuando la tía salía, el padre abusaba de ella. Un día que le pidió venir  a la cama, ella le respondió: “esa no es mi obligación, es mi tía la que debe hacerlo”.  Su padre se enojó y su tía no le creyó cuando Luisa le contó. 

Como quedé en silencio cuando supe que estaba embarazada de su padre, Luisa dijo mirando a la misionera: “Ya ve, se quedó callada”. Su  padre negó ser el padre de la criatura y la tildó de ser “doble perra”. El único que le creyó fue un policía amigo de la familia, quien la acogió en su casa y denunció al violador que escapó de Lago Agrio.

Luisa quiere dar su bebé en adopción y empezar una “nueva vida” con otro nombre. Cuando el bebé se mueve dice sentir “que le camina un bicho”. Es inteligente, despierta y divertida. A veces su mirada luce triste. Quiere estudiar belleza cuando todo pase. Quisiera ir a vivir con su mamá.

 

 
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