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María Sonia Pérez, trabajadora social, del Departamento de La Paz

© UNICEF/Bolivia/2002
María Sonia Pérez, Trabjadora social de El Alto

Nace otro día en la conglomeración urbana de El Alto, una de las ciudades más pobres de Bolivia, situada a 4.100 metros sobre el nivel del mar. El aire frío y el monóxido de carbono emitido por los vehículos se mezclan con el olor a comida de los puestos ambulantes que pueblan esquinas y aceras, llamando a los 700.000 residentes de la ciudad a un paulatino despertar.

María Sonia Pérez, una trabajadora social de 37 años de edad, se prepara para un nuevo día en la oficina. María trabaja en La Ceja en la Defensoría Municipal de la  Niñez y Adolescencia, una institución creada, con el apoyo de UNICEF, en 1997 para proteger los derechos de la niñez. En Bolivia, los índices de maltrato y violencia contra los niños son altos. Lamentablemente, no existe una cultura de respeto de los derechos del niño. En algunas áreas del país, los niños no son considerados "personas" hasta cumplir sus tres años.  La mayoría de los habitantes de El Alto son migrantes aymaras, procedentes de comunidades rurales tradicionales, que buscan escapar de la pobreza.

Hoy Juanita, de 23 años de edad, ha venido a visitar a María a su pequeña oficina con techo de calamina. El caso de Juanita es uno de los muchos que atiende María en su trabajo diario, quien afirma: "es un hecho que la gente acude a la Defensoría porque no tiene más apoyo. Somos los únicos que podemos ayudarles."

Juanita está esperando a su segundo bebé. Su primer hijo, Alfredo, de 2 años, es un niño despierto y juguetón que no puede quedarse parado ni un minuto. "Ahora puede correr y caminar," comenta su madre. Sin embargo, unos meses atrás, cuando Juanita y Alfredo llegaron por primera vez a la Defensoría, Alfredo no podía caminar. El niño nació con un pie deforme debido a las palizas que Juanita recibía de su ex compañero durante su embarazo.  

María llevó a Alfredo a un hospital donde los médicos le operaron el pie, insertando tornillos quirúrgicos en su pierna. Éstos tenían que ser retirados mediante otra operación. Su madre intentó, sin éxito, prestarse dinero para pagar la segunda intervención.  

Cuando Juanita pidió apoyo financiero al padre de Alfredo, éste le dijo: “Déjalo morir, a mi no me importa.” Entonces, Juanita volvió a la Defensoría a buscar a María, ya que la pierna de Alfredo se había infectado. Los tornillos, 2 meses después de la primera operación, aún no habían sido retirados. La situación era grave y requería tomar una acción inmediata. El grupo multidisciplinario de la Defensoría, incluyendo un abogado, negoció con el hospital. Finalmente, los médicos aceptaron operar a Alfredo. "Recibí mucho apoyo de su parte," afirma Juanita, añadiendo, "gracias a ellos (María, el abogado, el psicólogo y otros trabajadores sociales) mi Alfredito no perdió su pié".

Después, la Defensoría inició los trámites de solicitud de asistencia familiar. Durante el proceso, Juanita sufrió malos tratos por parte de su ex compañero en varias ocasiones. Estaba molesto porque había denunciado la situación. En vista del mal comportamiento del padre y de su negativa a pagar la asistencia de Alfredo, la Defensoría derivó el caso al Juez. Actualmente, el caso está en proceso.

María atiende una media de 20 casos diarios con problemas como abuso de los niños, abandono paterno o materno, solicitudes de asistencia familiar, y numerosos casos de explotación y prostitución de niños. En la mayoría de las ocasiones, los hechos tienen lugar en el hogar o en la escuela. Desde que se abrió la primera oficina, se han implementado otras 219 Defensorías de la Niñez y la Adolescencia en 194 de las 314 municipalidades del país. Se prevé incrementar el número de Defensorías en el área rural. UNICEF apoyará con capacitación, asistencia técnica, equipamiento, materiales de comunicación y advocacy.  

La labor de trabajadores sociales como María y su equipo ha ayudado a crear conciencia en el conjunto de la población sobre la importancia de la protección de los niños, niñas y adolescentes. Esto ha dado como resultado más denuncias oficiales de maltrato. Lamentablemente, historias como la de Juanita y Alfredo no son algo excepcional en una ciudad como El Alto. Todo lo contrario, estos casos forman parte del día a día. Por eso es tan importante la labor desempeñada por las Defensorías. Con su trabajo, María trata de marcar un antes y un después en la vida de las muchas personas a las que recibe durante el día.

 

 

 
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