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Bolivia, niñez vulnerable

© UNICEF/Bolivia/2014/Markisz
Gabriela, de 13 años, y su hijo de 1 año y medio de edad, Juan, en el refugio donde viven ahora, en el departamento de Potosí. Abandonada por su madre, Gabriela había estado viviendo con su abuela y nunca asistió a la escuela.

Por Susan Markisz

Mayo 5, 2014.- La semana pasada en Bolivia conocí a Gabriela de 13 años, ella está recibiendo ayuda en el Centro Especializado de Prevención y Atención Terapéutica (CEPAT) en la ciudad de Potosí. Hemos cambiado su nombre, como protección de su identidad por el estigma social asociado con el abuso sexual que es frecuente en la mayoría de las sociedades y Bolivia no es la excepción.  Gabriela fue abusada sexualmente varias veces desde los 11 por un vecino de 50 años.  Producto del vejamen dio a luz hace 18 meses a un hijo.

Todas las historias de violencia infantil son trágicas, pero este caso es particularmente desgarrador porque yo estaba allí en persona para dar testimonio de su historia. La madre biológica de Gabriela la abandonó a la edad de tres años y se fue a la Argentina y comenzó una nueva vida sin su hija – las terapeutas del Centro especulan que su madre pudo haber sido también una víctima de violación.   Dejó a Gabriela al cuidado de su abuela, Gabriela nunca asistió a la escuela y con frecuencia se quedaba sola en casa, vulnerable a extraños sin lo que consideramos un ambiente de protección – una familia amorosa, educación, amigos de edad escolar y el entendimiento de que el comportamiento de otras personas puede cruzar los límites – aspectos fundamentales de la vida que ella nunca recibió.

La fotografía, que hemos seleccionado para nuestra foto de la semana es significativa para mí como fotógrafo en muchos niveles, uno de los cuales es que estuve presente cuando Gabriela contó parte de su historia. A menudo veo fotos que retratan violencia sexual, leo o tengo que escribir descripciones sobre fotografías que fueron tomadas por otros fotógrafos que fueron testigos de casos similares. Pero hay una cierta distancia inherente en el proceso de edición.

Gabriela dio a luz a su hijo en casa sola, con nadie que la apoyará en su tragedia, solamente la belleza de su recién nacido. Luego fue hospitalizada y el lento sistema judicial comenzó su engorroso proceso de identificar y perseguir al hombre que la violó. Desafortunadamente, él todavía no ha sido acusado en el caso. 

Sin embargo, después de 18 meses de asistencia psicosocial, el poder ver a Gabriela en el Centro con su precioso niño saltando en los brazos de su madre es reconfortante.  Fue cuando dejé mis cámaras de lado por unos instantes y me di cuenta que cuando Gabriela abraza  a su niño lo hace suavemente, amorosamente, firmemente, de cerca. Lo que no pude mostrar fotográficamente fueron sus caras, pero alcancé a vislumbrar la alegría de la maternidad en los ojos de Gabriela cuando abraza a su hijo. Sé que la historia debe ser contada. Su determinación y el amor por su hijo. 

Gabriela y su hijo viven en un centro de acogida cercano y ella asiste a la escuela y recibe asesoramiento y servicios sociales a través de CEPAT. "Quiero aprender a leer y escribir", dijo. "También estoy aprendiendo a ser costurera para hacer 'polleras' (faldas tradicionales que usan las mujeres indígenas)  para ganar dinero y mantener a mi hijo". Gabriela tiene una hermana casada viviendo en Argentina, quien la  ha visitado una sola vez desde que entró en el refugio. Los terapeutas en CEPAT están tratando de identificar a otros miembros de su familia que pueden ser capaces de ayudarla, pero ni su madre ni su hermana parecen estar dispuestos a cumplir ese papel. No obstante, Gabriela dice que le gustaría un día ir a Argentina para trabajar y criar a mi hijo, mi madre y hermana viven allí", dice.

 

 
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