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El trabajo infantil en la Navidad

  Llegó la navidad, es la época en la que las religiones cristianas celebran el nacimiento del niño Jesús, hecho que fue concebido como el surgimiento de una nueva era para la humanidad. Un nacimiento encarnado en un niño de esperanza para construir un mundo mejor basado en la paz, el amor al prójimo, la humildad y la espiritualidad. Es por esta razón que es una época especial de reunión familiar, reafirmación de la amistad  y expresión de los más profundos afectos y sentimientos de solidaridad. La navidad este año coincide con un solsticio de  verano también particular, en el cual los pueblos ancestrales y originarios de Bolivia y de todo el mundo nos recuerdan con gran fuerza espiritual los valores de vida en los que naturaleza y humanidad se funden en una insoslayable visión holística del mundo. De acuerdo al conocimiento ancestral, la posición del sol evoca un cambio de era hacia un mundo con mayor armonía, paz e inclusión.

El epílogo de un simbólico 2012 se presenta entonces como una esperanza renovada de un cambio de tiempo positivo para el planeta. Saludamos la iniciativa del Presidente Evo Morales y del Canciller David Choquehuanca de recibir ese importante hecho natural y espiritual reflexionando acerca de como construimos un mundo más inclusivo y respetuoso de nosotros mismos y de la naturaleza.  No hay duda que estos trascendentales momentos son para reflexionar acerca del futuro de nuestras sociedades y sobre todo acerca de la situación que viven nuestros niños y niñas, cuyo presente es el futuro de nuestra sociedad. ¿Qué debemos hacer para construir esa nueva era, ese nuevo nacimiento?  ¿Cómo tenemos que prepararnos para afrontar estos desafíos de construir un mundo donde toda la niñez y la adolescencia disfrute plenamente de sus derechos y del vivir bien? Grandes esfuerzos ha realizado este gobierno en materia social y una muestra de ello son sus significativos logros en la reducción de la pobreza, la ampliación de la cobertura educativa y de la desnutrición infantil, sin embargo, la deuda social histórica sigue afectando profundamente a los niños y niñas bolivianas.

850 mil niños y niñas tendrán que dejar el juego a un lado para dedicarse a una alguna actividad laboral, de ellos 350 mil ocuparán prácticamente todo su tiempo en trabajar y probablemente lo hagan en la noche buena y en la celebración del solsticio.

Hoy quiero reflexionar sobre el trabajo infantil, entendido como el esfuerzo físico y emocional nocivo y a las situaciones de explotación laboral en niños, niñas y adolescentes. Mientras muchos disfrutarán de esta navidad y verán con optimismo la llegada de este simbólico solsticio de verano, según el estudio Magnitud y Características del Trabajo Infantil en Bolivia elaborado por al OIT y el INE,  850 mil niños y niñas tendrán que dejar el juego a un lado para dedicarse a una alguna actividad laboral, de ellos 350 mil ocuparán prácticamente todo su tiempo en trabajar y probablemente lo hagan en la noche buena y en la celebración del solsticio. A estos niños y niñas se les está negando la infancia e hipotecando el futuro, ya que en su mayoría no podrán ir a la escuela (como ya ocurre con más de 22 mil niños y niñas) o si asisten a ella, lo harán con desventaja. Esto es un mundo sin esperanza y en el que se le coartan las oportunidades, un mundo en el cual nuestros niños y niñas no nos ofrecerán esa pureza de espíritu del niño Jesús, ni esa espiritualidad holística de las concepciones ancestrales indígenas de equidad e inclusión. Para ellos, no habrá un cambio de era y menos para sus hijos e hijas, quienes tendrán que trabajar a raíz de los exiguos ingresos de sus padres y madres, quienes abandonaron o no tuvieron la oportunidad de ir a la escuela. No nos estamos refiriendo a aquellas tareas que contribuyen con la familia, y que de acuerdo a su edad permiten ser parte de ella,  nos referimos al  trabajo nocturno, en las calles, en horarios prolongados o de mayor peligro físico como en la mina, en la zafra, en la ladrillera, el trabajo doméstico, entre otros, que exponen a los niños, niñas y adolescentes a la explotación y otras formas de violencia y efectos negativos para su desarrollo físico, emocional e intelectual.

Llamo en esta época a que reflexionemos como sociedad acerca de este tema del trabajo de niños y niñas, junto a las formas de explotación infantil y adolescente,  y los convoco a que no confundamos la socialización productiva de los pueblos originarios con el trabajo nocivo sometido a la disciplina laboral moderna y al abuso y maltrato. Bolivia vive un momento especial, un período de cambios trascendentales a nivel cultural y político, el mejor regalo que le podamos dar a los niños y niñas es una sociedad que piensa y actúa en función del interés superior de los niños y que cree que son la esperanza de esta nación y no el reflejo de la pobreza y de la falta de políticas que garanticen el máximo desarrollo de todos y todas, bajo el principio de equidad y universalidad. No se valen los argumentos de algunos sectores de clase media y alta que justifican el trabajo infantil  y adolescente, a ellos les pregunto si están dispuestos a que sus hijos trabajen largas jornadas, inclusive nocturnas, con condiciones climáticas adversas, expuestos a riesgos y peligros,  en lugar de ir a la escuela o jugar con sus amigos. Tampoco se valen los que confunden las costumbres ancestrales de la cooperación y enseñanza, con el trabajo duro y la exposición a riesgos de los niños y niñas en la fábrica, en la calle, cañaverales, basureros,  en supermercados y mercados o en cualquier lugar en el que se  exponen  a la explotación y ponen en riesgo  salud física y emocional.. No hay argumentos que justifiquen que los niños y niñas trabajen, sobre todo en una sociedad que vive intensamente un cambio para lograr la igualdad y el acceso de todos/as a condiciones de vida decentes.

En un solsticio de esta trascendencia quisiéramos que todos los niños y niñas fueran navidad y encarnaran ese nacimiento de la esperanza y de la igualdad de derechos. Así podemos comenzar con la nueva era que marca el 2012, una era de cumplimiento pleno de los derechos de la niñez y de la adolescencia. Trabajemos para que todos ofrezcamos esa nueva era a los niños y niñas.

 

 

 

 

Lo que debemos saber sobre el trabajo infantil: 24 horas para ser feliz


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