Comunicación

Comunicados 2014

Campañas

Historias de Vida

Herramientas para comunicadores y periodistas

Contacto de prensa

Galería de videos

Galería de fotos

 

Los primeros 1.000 días marcan la vida: fomentar la nutrición para un mundo justo

El nuevo informe mundial  de UNICEF Improving Child Nutrition: The achievable imperative for global progress se presenta hoy en Dublín

Por Anthony Lake, Director Ejecutivo de UNICEF y Tom Arnold, de la iniciativa Scale-Up Nutrition

Si usted nunca ha oído hablar de  la desnutrición crónica o retraso en el crecimiento,  no es el único. Se trata de una  inmensa tragedia humana, una de las cuestiones de las que menos se ha informado, menos reconocida y menos comprendida que tenemos ante nosotros. La desnutrición crónica ocupará un lugar central hoy, en la  Conferencia internacional sobre hambre, nutrición y justicia climática en Dublín.

La desnutrición crónica, causada por una deficiencia nutricional continua en las primeras etapas de la vida de un niño, lastra las vidas de aproximadamente 165 millones de niños en todo el mundo. Es mucho más que un problema de crecimiento o peso inadecuado de estos niños. Puede atraparles  en un ciclo de desnutrición, enfermedad, pobreza y falta de equidad.

 ¿Por qué? Porque la desnutrición crónica durante los primeros meses de la vida de un niño implica un retraso en el desarrollo de su cerebro y, por consiguiente, de su capacidad cognitiva. Para siempre.

La desnutrición crónica  obstaculiza no solo la capacidad futura de los niños como individuos para aprender y ganarse la vida, sino también el progreso social y económico de los países en los que viven. En términos reales, reduce el rendimiento escolar, lo que se traduce en una reducción de sus ingresos como adultos de un 22% de media.  También aumenta los riesgos de que sufran obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares en su vida adulta.

En 2011, se estimó  que más de 1 de cada 4 niños menores de  cinco años en el mundo en desarrollo padecían desnutrición crónica, o el 28%, aproximadamente 160 millones de niños. El 80% de estos niños vive en solo 14 países. La desnutrición crónica sigue teniendo una alta prevalencia en África subsahariana y en el Sur de Asia, y es mayor en los países de ingresos bajos[1].

Los altos índices de retraso en el crecimiento son parte de la razón por la que  el mundo no está en vías de alcanzar la mayoría de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, sobre todo en lo que respecta a la extrema pobreza y el hambre, la salud materno-infantil y la lucha contra el VIH y el SIDA. La desnutrición contribuye a una tercera parte de las muertes infantiles y aproximadamente a una quinta parte de las muertes maternas.

La buena noticia es que esto no tiene por qué ser así. De hecho, combatir la desnutrición crónica es una enorme oportunidad para el desarrollo. Y además es rentable.

Sabemos lo que funciona. Las mujeres embarazadas necesitan nutrientes esenciales como el hierro y el ácido fólico; los recién nacidos necesitan recibir ese “superalimento” natural que es la leche materna durante la delicada primera hora de vida y después durante los seis meses siguientes. Se deben administrar alimentos sólidos adecuados en el momento apropiado. En todo momento, una  adecuada atención sanitaria y una buena higiene y saneamiento son vitales. La falta de saneamiento y los episodios repetidos de diarrea contribuyen a la desnutrición.

En 2008, ocho de los mejores economistas del mundo, incluidos cinco premios Nobel, recomendaron a través del llamado Consenso de Copenhague una serie de prioridades para abordar los diez retos mundiales más importantes. Situaron el aporte de micronutrientes a los niños pequeños en el número uno de las medidas  más rentables para  avanzar hacia el bienestar mundial. Y en 2012 llegaron a una conclusión similar.

Más buenas noticias: aunque la lucha contra la desnutrición crónica está  infravalorada como reto y oportunidad a nivel mundial, hay una creciente respuesta internacional, a la que contribuirá la Conferencia de Dublín. Una importante iniciativa a nivel mundial, conocida como la iniciativa SUN (Scaling Up Nutrition – para el fomento de la nutrición) está logrando atraer una inversión tan necesaria en este ámbito y poner foco en la  nutrición de los niños y las mujeres en numerosos países.

Ciertamente, cada vez más países están fomentando programas de nutrición para llegar a los  niños durante este período de los  1.000 días críticos para la vida y en la vida del niño.  Y tal como muestra un nuevo informe de UNICEF sobre nutrición materna e infantil, países tan diversos como Etiopía, Haití, Perú y Ruanda ya han reducido de modo significativo los niveles de retraso en el crecimiento o desnutrición crónica  durante estos últimos años, mostrando que el avance es posible.

Irlanda ha sido un gran defensor de estos esfuerzos y durante su presidencia de la UE puede presionar hacia una agenda audaz que aborde los problemas del hambre, la nutrición y la justicia climática.

Ningún niño o niña, ninguna madre, ningún país debería tener nunca que sufrir la injusticia de la falta de nutrición en el siglo XXI. ¿Qué es más injusto, más cruel que condenar a un niño, en el vientre de su madre, a una vida de privaciones, especialmente cuando sabemos cómo evitarlo? Sin duda, si sabemos cómo hacerlo y disponemos de los medios para hacerlo,  no puede haber ninguna razón para no hacerlo. Con urgencia.  

Anthony Lake es Director Ejecutivo de UNICEF; Tom Arnold es miembro del equipo Directivo de la Iniciativa SUN -Scale Up Nutrition

[1] Basada en la clasificación sobre ingresos del Banco Mundial,  julio de 2012.

 

 
unite for children