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Armas contra el trabajo infantil

© UNICEF
Gladys Acosta Vargas, Representante de UNICEF Argentina

Por Gladys Acosta Vargas. Representante de UNICEF Argentina (*)


Muchos chicos están obligados en la Argentina a abandonar la escuela para ocuparse de tareas que les reporten magros ingresos. El Estado, las familias y los adultos en general deben articular repuestas integrales para acabar con este  flagelo.

El crecimiento económico actual parece estar acompañado de un creciente trabajo infantil cuya existencia merma la dignidad de quienes están afectados por formas de pobreza que los obligan a sustituir la escuela por cualquier actividad que les reporte magros ingresos.

Por eso, a días del Día Mundial contra el Trabajo Infantil –celebrado el 12 de junio– corresponde elevar la voz ante este flagelo social. El lema para 2008 plantea la impostergable necesidad de garantizar el derecho de niñas, niños y adolescentes a una educación de calidad como respuesta acertada frente a esta problemática.

En Argentina, las cifras más recientes de la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA) muestran la tensión entre el derecho a una educación de calidad y el trabajo infantil y adolescente.

Se puede apreciar que la asistencia de los niños hasta los 13 años de edad es casi universal, con porcentajes que superan el 97%. Sin embargo, los bajos rendimientos, la repitencia,  la sobreedad, el abandono y la progresiva exclusión del sistema educativo se manifiestan con fuerza después de esta edad, al punto que el 25,6%, esto es, uno de cada cuatro adolescentes que trabajan, han abandonado la escuela.

Las escuelas del país no son homogéneas. Cada una está inserta en un contexto sociodemográfico y económico que afecta sus recursos humanos, físicos y tecnológicos así como a los estudiantes que contiene y educa.

La acumulación de desigualdades de origen individual se suman a las desigualdades que acumula la institución escolar, y que, combinadas con otras, impactan en las trayectorias vitales de las personas. La EANNA también muestra que el 43% de los adolescentes que trabajan han repetido uno o más años. Se sabe que la repitencia es la antesala del abandono.

Asimismo, mientras en las áreas urbanas, el 21% de los adolescentes que trabaja no asiste a la escuela, en las zonas rurales este porcentaje se eleva al 62% porque las desigualdades educativas se agravan al sumarse factores externos como son las estacionalidades de las siembras y cultivos, las distancias entre la vivienda y la escuela, la ausencia de transportes y de caminos.

El Gobierno de Argentina, en línea con lo que establece la Convención sobre los Derechos del Niño y los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo, ha incorporado diversas normativas sobre el trabajo infantil, y ha establecido su erradicación como una prioridad de las políticas públicas al incorporarlo como un Objetivo del Milenio.

Desde 2006 se creó un Plan Nacional de Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil coordinado por la Comisión Nacional de Erradicación del Trabajo Infantil que funciona en el ámbito del Ministerio de Trabajo, y 19 Comisiones Provinciales.

A nivel normativo, la nueva Ley de Educación Nacional logró la incorporación de la obligatoriedad de la educación secundaria, como un avance en las condiciones que habilitan a los adolescentes para el ejercicio pleno de la ciudadanía.

La reciente aprobación por parte del Congreso de la Nación de la elevación de la edad mínima de admisión al empleo constituye otro avance para reducir las tensiones entre el trabajo adolescente y la educación.

Cuando la nueva ley entre en vigencia, la edad mínima será de 15 años, y llegará a 16 desde el 2010.

El trabajo infantil persiste en Argentina como un reto de gran magnitud. Tiene causas múltiples y por lo tanto,  requiere de respuestas integrales y sectoriales coordinadas.

La movilización concertada para elevar la calidad de la educación deberá priorizar las áreas del país donde la exclusión social y el trabajo infantil prevalecen, para lo cual es indispensable el dinamismo de las familias, así como el de diversos sectores públicos y privados.

El trabajo infantil es una violación a los derechos del niño.

No sólo es evitable, sino que es una responsabilidad del Estado, de las familias y del mundo adulto en su conjunto plantear la superación del problema.

Es hora de dejar atrás todo escapismo que nos impida actuar con celeridad y justicia cuando se truncan vidas y talentos por la falta de oportunidades que produce la carencia educativa.

Más Información

Paula A. Chinellato
Oficial de Prensa e Información
UNICEF Argentina
Junin 1940 (1113) Bs. As.
Tel: (54 11) 5093-7100 i.144
pchinellato@unicef.org

(*) Columna de opinión publicada en el Diario Clarín el 16 de junio de 2008

Editorial en El Clarín [ver]

 

 
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